Blog de Patricio

No tengo imaginación para inventar nombres chistosos, pero sí para escribir sobre muchas otras cosas

(apunte previo a la formulación de la Teoría General de Resistencias, agosto 2018) .

Creo que hoy resistir es urgente, más que luchar. Es una preferencia personal: elegir resistir reservando la lucha exclusivamente a escenarios de supervivencia física.

El motivo es que no estamos capacitados aún como resistencia para plantear batalla económica, logística ni ideológica al imperio.

La resistencia es necesaria: es preparar, nivelar, recargar, planificar para que otros luchen en el futuro. Es el tiempo de la mano vacía, del estudiar al imperio y crear nuevas tácticas. Es tiempo de replegarse y hacerse invisibles.

Estudiar es revisar de qué herramientas disponemos y cómo podemos hacerlas más efectivas. Nuevas tecnologías, nuevos campos de experimentación, nuevas formas de comunicación, nuevas normas que nos permiten ampliar la acción. Debemos contar con resistentes que estudien los recursos de los que disponemos, hacerlos mejores y capacitarnos para usarlos, antes que se vuelvan contra nosotros por falta de uso o imposibilidad de aplicarlos.

Replegarse es marginarse del ojo imperial hasta que sea el momento indicado. Es hacerse discreto. Es, de paso, una forma de eliminar el ego del resistente, pues replegarse es contrario al impulso del ego, que busca destacar y recibir atención por ello. Replegarnos no elimina nuestra individualidad ni nuestra personalidad, pero elimina todo lo demás que viene con nuestra individualidad y nuestra personalidad, como el ego.

El ego ha hundido muchas resistencias, así como muchos sistemas y no es un tema menor el dominarlo en el marco de la resistencia.

La única resistencia que ha sobrevivido estos casi 30 años pre-imperiales ha sido la resistencia difusa. Sistemas diferentes al imperial existen porque resistieron durante décadas y ahora pueden luchar. Debemos seguir su ejemplo y resistir hoy para que otros puedan luchar en el futuro contra él en forma abierta.

Nuestra revolución y nuestra resistencia deben centrarse en la existencia diaria. Debemos crear una resistencia basada en nuestro ejemplo. Frente a un Imperio que nos obliga a vivir en forma individualista, debemos responder con una vida comunitaria. Frente a la imposición de anteponer la conveniencia propia, debemos responder con la solidaridad de clase. Frente a la idea de que las resistencias son inútiles para gobernar los grandes asuntos, debemos responder gobernando los pequeños asuntos.

Eso no significa que debemos dejarnos pisotear. Resistir es, además, dejar claro que ni el imperio, ni la ley ni una persona puede pasar por encima nuestro sin encontrar resistencia. El resistente es motivado, además de por un sentimiento de amor a la justicia, por un sentimiento de dignidad y honor hacia sí mismo.

Nuestra revolución debe ser mantenernos vivos y dejar la huella de que otros mundos son posibles porque nos han visto crearlos sin ayuda de individualistas, interesados ni gobernantes. Llegarán otras épocas en las cuales la revolución sea pelear el poder político, cambiar las estructuras, repartir las riquezas, introducir nuevas escalas valóricas.

Hoy es tiempo de evitar que todo se pierda. Y ya eso de por sí es una gran tarea, porque pocos quieren hacerla. Cuando una tarea es necesaria y todos la quieren hacer, es porque es sencilla y/o porque trae consigo reconocimientos que alimentan el ego. Cuando una tarea es necesaria y pocos la quieren hacer, es porque es difícil y/o porque sólo están dispuestos a ella quienes nunca serán reconocidos por hacerla, o al menos no mientras vivan.

Nuestra resistencia, para vencer, debe adaptarse al momento de la historia. Un día la resistencia debe luchar, otro día debe diluirse y permanecer latente. Nuestro trabajo es resistir en retirada. Sólo el puño que se retira hacia atrás puede golpear con fuerza. Golpear sin impulso es inoficioso y estéril.