Ideas en el recetario: Ingredientes de la poesía de Nicomedes Suárez Arauz

Floresta Florian GIORGIO, 2016. Unsplash License.

por Juan P. Paredes

1. Antecedentes

La obra aquí abordada, Recetario amazónico de Dios: Veintiún poemas (Suárez, 2014), es compleja más allá del ingenio y belleza de sus versos, trasciende el primor de la composición y transmite pensamientos muy penetrantes. Por tal motivo, este escrito buscará describir las ideas que pueden extractarse de las recetas – poemas del autor.

Suárez Arauz es un poeta y ensayista brillante, nacido en Santa Ana del Beni en 1946 y doctorado en literatura en los Estados Unidos donde vivió prolongadamente. Por tanto, de forma constante, percibe la Amazonía desde la nostalgia al encontrarse lejos en un ambiente diferente. Esto le otorga una perspectiva muy particular respecto al resto de los autores cruceños, algunos también radicados en el extranjero. Teoriza sobre el Amazonas usualmente desde la lejanía.

Suárez tiene el mérito de co-fundar (junto a Charles Cutler) el Center for Amazonian Literature and Culture del Smith College, institución sin precedentes en la circunscripción y recopilación de la literatura de esta región geográfica. Ambientado en los escritos de esta parte del mundo y con la constante nostalgia de su lugar de origen, el autor sentirá profunda indignación por la destrucción progresiva del patrimonio natural y cultural de esta vasta región en manos de sociedades sin escrúpulos ni visión social.

Pero de forma más íntima aún, la formación de este poemario surge precisamente de su necesidad de volver a los inicios. El lugar donde en su niñez el joven Nicomedes ya comenzaba a fabular sin todavía escribir. Radicado ya en su madurez en los Estados Unidos con su familia, es impactado por el descubrimiento de un manuscrito desconocido en una biblioteca norteamericana, escrito por su abuelo materno (Rodolfo Araúz Marañon), el cual describe las características socioeconómicas de su región de nacimiento en 1912. Similar impacto, generará en su conciencia la herencia post-mortem del libro de recetas de su madre (hija del anterior), peculiar legajo cubierto de consejos de vida.

Estos son algunos de los orígenes manifiestos de su Recetario Amazónico de Dios.

2. Recetario y poesía, las partes de un propósito

Como se mencionaba, esta obra de Suárez, representa la alegoría como expresión de un pensamiento social contestatario ante el deterioro social y ambiental de la región. Como él mismo acreditará posteriormente:

“El año pasado la editorial The Bitter Oleander editó mi libro Edible Amazonia presentando una selección de poemas que rinden homenaje a la Amazonía y protestan en contra de la devastación de la región por parte de individuos y corporaciones corruptas” (Roth, 2003, p. 68).

El título en español “Recetario amazónico de Dios” permite concebir ciertas consideraciones.

La figura de Dios es usada con irónica premeditación. Dios es el delirio ancestral de hallar la causa eficiente última. Cuando el autor juega a describir la disposición de la labor paradisiaca de Dios, fabula una ontología del Amazonas. Aparenta desentrañar la industria divina de la región. Con voluntad satírica y sin perder el primor, realiza su faena a partir de apuntes gastronómicos. El recetario, a pesar de su jocosa hermosura, distingue más que la elaboración de entremeses: la revelación de su propia filosofía. Las entidades amazónicas que llaman poderosamente la atención de Suárez, descubren la alegoría de otras facetas y en muchos casos, del todo. Podrán ser en cierto modo síntesis del universo, piezas que cuentan con elementos de lo general entre sus particularidades. Por tanto, a través de estos cuerpos específicos que “delimitan” el Amazonas puede verse abordada también la integridad humana y su entorno.

Al tratarse de un recetario, las percepciones del autor usualmente quedan registradas no solo a través del proceso de mezcla de compuestos o percepciones visuales y táctiles de los mejunjes, (como exigiría la solemnidad gastronómica), sino también por la descripción modelada de su sabor, su olor y sobretodo la pasión que representan. Es así que no solo se hace poesía del alimento sino que se hacen degustables las imágenes de toda suerte de objetos. A la inversa, el aperitivo forma parte constitutiva de cualquier substancia amazónica que se disfruta con los demás sentidos. De ahí que la traducción de la edición en ingles del libro, sea “Amazonía comestible”.

3. Historia y biósfera

Los súbditos del Amazonas son parte constitutiva de este entorno en ancestral relación de armonía y conflicto. La ecología circundante, es hermosa en profusión, sutil, mágica y traicionera. Pero cada una de estas características ambientales interactuó hace centurias con voluntades humanas tan obsesivas que trastornaron la armonía de este paraíso ambivalente, de tal manera, que llegaron a formar parte de su milenaria conformación, quedando los hombres y las mujeres impregnados en la bioquímica de la floresta. A lo opuesto, el ímpetu bestial de la frondosidad caló tan hondo en la mente de los moradores, que no solo arbitró su configuración pedagógica, sino que se constituyó con toda su complejidad en el objeto de su adoración, la explicación metafísica de su ser, el origen de todas las cosas y en consecuencia, también en el centro de su satisfacción desmedida, (nada recíproca).

Por ello, para Suárez el árbol es la criatura divina que en esencia está nutrida de la historia. Siguiendo la mitología chimane, el origen del árbol es el cielo. Su corazón está constituido del relámpago, cuya energía es contenida con masa de pan secada al sol y la lluvia (por milenios), lo que revela el motivo de su magia y fortaleza. Su corteza está conformada por la materia de los pueblos circundantes a través de las etapas históricas. Es por eso que sus ciclos (sus anillos internos que revelan la edad) contienen caucho y sangre, pepitas de oro, esmeraldas y petróleo, tribus de indios mezcladas con yeso jesuita o no.

La orquídea es una pieza hermosa en su delicadeza, da la impresión de ser la hechura de un artesano talentoso y muy sensible. El autor, la conforma con elementos del ambiente amazónico (como el pedazo de luz del alba con el que se conforma el pistilo) y la compara con los moradores del río que al igual que las flores, se secan ante el cielo o arboleda (masa verde). Francisco de Orellana el ancestral explorador del Río Amazonas será apuntado como el primero en haber interactuado con este precioso objeto dando inicio a una fase de cambio radical de los ciclos, a partir de la sangre y la devastación de la preciosidad (Ibíd., p. 69). Las flores tienen antigüedad y consignan con todos los ingredientes de la primavera, constitución necesaria para alegrar la vida de las personas por donde se las encuentre.

El Amazonas en su magnificencia jamás es ignorado, constantemente interactúa con lo foráneo a veces para su pesar. La salsa inglesa es la relación de la cultura anglosajona con el Amazonas en la época del caucho. Se mezclan los ingredientes (mostaza, vinagre y azúcar molida), que baja del Amazonas hacia Liverpool, luego se van las semillas a Malasia (donde los ingleses generan su propio imperio económico) “y la costumbre amazónica de tomar el té cada día a las cinco en punto de la tarde”.

Gelatina de patas, es una crítica contemporánea al uso extensivo de la ganadería. De muestra hace falta solo un verso: “Para desmontar cien leguas de selva, basta tomarse un vaso de gelatina”.

La belleza del paisaje es inevitablemente equiparada al azúcar. El caramelo para guisos es la metáfora perfecta del alba y el ocaso que con sus ingredientes generan el sabor agridulce del guiso que se esparce sobre la floresta dándole “a los arboles un lindo color dorado”. El azucarillo, almíbar para bañar pasteles junto a glasé hecho de clara de huevo, es la materia constituyente de los ríos “que en noches de luna brillan tanto que se alzan hasta el cielo”.

Nuevamente la mezcla de almíbar esta vez cocida hasta la conformación de picos de buitre y perfumada con esencias de inquietud, sirve para constituir los ríos del atardecer. Finalmente, la mezcla de crema de mantequilla con café refleja la transición del día hacia la noche para que el primer trago de café al amanecer tenga el “sabor a aromática tierra amazónica”.

4. Del agridulce colonial a nuestros días

Continuando con lo apuntado en la anterior descripción, los objetos cotidianos de esta región atraparon la consternación de la historia incorporándola a su síntesis. De tal modo, la salsa de ají, el pan o el dulce de almendra son la personificación de la desilusión imperial desangrada en la satisfacción de su deseo desenfrenado de fortuna, ahora vertiente genética de una región, desgarrada entre la luz y la oscuridad.

La salsa de ají con ese sabor dulzón pero también adormecedor del sentido en su intensidad, es la representación condensada de los sueños hispánicos quebrantados desde hace siglos en estos trechos tropicales. Ya que al ser preparado junto con pesares, sueños, fragatas invasoras se “vacía sobre un grito, entre los vivos y los muertos”. El pan de mentira es la metáfora de las falsas leyendas de riquezas, que se “desayunaban” diariamente los ancestros, y los cuales reposaron y alimentaron la mente de la población cual pan que se deja reposar por cuatrocientos años y se come con el “chocolate espeso de la noche”. El dulce de almendra y leche solo puede tener el color oscuro con la canela y las armaduras de los sanguinarios Lope de Aguirre y sus soldados.

5. La desdicha de los magníficos indios

Los indios son seres extraordinarios de belleza formidable que no merecen de ninguna manera la desventura ancestral a la que fueron sometidos y heredan ahora. Hoy pervive su espíritu indómito en quienes así deciden denominarse y dentro de cada uno de los actuales pobladores, mestizos al fin, en distintos grados con o sin su voluntad.

La pierna silvestre sin duda es la descripción de la sensualidad física y anímica de la indianidad. Del estado corporal atlético sin “exceso de gordura”; dulce, al ser cocida en azúcar y caldo de piña; de color tostada al haber pasado por el horno; de sabor intenso al necesitarse que se la acompañe con yuca atenuante y “una tajada de silencio”, al ser cortada en rombos para degustar con efusión.

El indio maluco solo puede tener características sublimes a la vista y al gusto. Floresta, chocolate granulado, colores del ocaso, azúcar, limón y su cuerpo de harina de mandioca.

Pero la última estrofa del poema, convierte esta belleza en tragedia, haciendo referencia a la muerte progresiva de estos seres, la cual inició en 1542 con el ya mencionado Francisco de Orellana.

Aparentemente la mezcla de palmito hervido con pan blanco remojado, huevos y mantequilla con Guarayos molidos y una capa de queso para su cocción en el horno, permite alcanzar un blanco de pureza sin igual “como el corazón del palmito” y quizá por asociación, de los Guarayos también.

El limón está relacionado con la luz del sol, del cual debe quitarse la corteza para que en la limonada no quede nada amargo, y la cual debe ser hervida en almíbar para que su dulzor evite que el sol salga amargo por la muerte de indios infectados de virus Europeo.

El manjar blanco es la analogía perfecta del mestizaje. La leche europea es mezclada con el azúcar morena y “28 indias tostadas”, se le agrega sol tardío y río partido en rodajas y “se vacía en el olvido un poblado selvático más”.

6. El claroscuro amazónico

A lo largo de los poemas, las referencias a la dualidad del mundo amazónico son frecuentes. El amazonas es luminoso, prodigioso, embriagador, pero también oscuro engañoso y peligroso.

De hecho, al final de todos los poemas, Suárez se inclinará por ver lo tenebroso como conformante esencial de la tinta del escritor amazónico, que aparentemente se dedica a registrar las lobregueces que crecen cada día más, devorando la bondad de una región fabulosa.

La papaya es la síntesis del mundo natural y divino, está constituida por un barril del cielo y veinte mil mitos granulados, pero en el centro de su boca, tiene los dientes cariados.

El turismo ecológico demuestra la dualidad social. Está conformado por todos los ingredientes sabrosos y atractivos que conforman la diversión (sol, harina de rosca, raudal de enero, almendras picadas, barquitos, cocoteros y mangos entre otros); contrastados por los caimanes, antas, indias parturientas, chozas, leprosos y niños parasíticos “ingredientes para el baño dulce de este encantador paraje turístico”.

Decorado torta del libro abierto es la figura del Amazonas total, bizcochuelo en forma de libro decorado con glasé mármol reclinado contra los Andes y la otra tapa en la costa del Atlántico y amoldada a su masa, la serpiente “para que así el paraíso quede completo”, luego de haberse conocido el “bien y el mal”.

La tinta del escritor amazónico es oscura, ácida (limón y leche), tóxica (petróleo), conformada por seres que representan ambas cualidades (escarabajos, alguaciles, cepes, arañas y escorpiones); se escribe en el cielo con caligrafía renacentista que conformará “una bandada de buitres que limpiarán de carne los esqueletos de los días”. Por tanto, registra lo carroñero, oscuro, despiadado y complejo que también forman parte de la belleza rodeada de grotesco, desde el inicio de esta historia allá por esa etapa “amnésica” prehispánica y luego colonial, hasta nuestros días.

7. Bibliografía

Suárez Arauz, Nicomedes (2014) Recetario amazónico de Dios: Veintiún poemas. La Paz: Editorial 3600.

Roth, Paul B. (2003) “Entrevista de Nicomedes Suarez Arauz” En Recetario amazónico de Dios: Veintiún poemas. La Paz: Editorial 3600.