El pluralismo en Bolivia

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por Juan P. Paredes

El siguiente ensayo expondrá algunas definiciones del pluralismo, evaluará cómo estos conceptos son abordados en Bolivia y en Santa Cruz desde la ciudadanía y sus ejercicios políticos y a partir de ello, intentará responder a la cuestión de la viabilidad de esta forma política en panorama adverso.

1. Definiciones de pluralismo

El pluralismo puede ser entendido como un sistema por el cual se acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas o posiciones (Diccionario de la Real Academia Española). Pero como se apreciará a continuación, el pluralismo como visión social contradecirá las antiguas teorías del Estado Moderno forjado a partir del concepto de razón universal teorizada por Hegel y Weber (Feldis, 2009, p. 176 y Arnold, 2006, p. 16). En un contexto de gran diversidad cultural a escala global, con grandes avances que han derrumbado las barreras a la movilización y la comunicación a distancia, la globalización, que logra al mismo tiempo una homogeneización de los rasgos modernos a niveles masivos, es impulsora de procesos de migración y relacionamientos varios entre culturas diversas, que a pesar de poseer en muchos casos intereses comunes de cara a la economía de mercado (búsqueda de empleo, educación, necesidades de afecto, salud, ejercicio político) sufren choques culturales fuertes a partir de sus prácticas y modos de alcanzar esos intereses, degenerando en un etnocentrismo radical. Las culturas presentes en los distintos países inician procesos de cuestionamiento al antiguo concepto de Estado Nación desgarrado entre un relativismo cultural y etnocentrismos radicales.

De cara a esta crisis del Estado, María G. Amilburu (2011) sostiene que el pluralismo es un intento de superar los errores tanto del etnocentrismo como del relativismo cultural a partir de un concepto teleológico de naturaleza humana que viabilice la convivencia entre distintos. Esto implica suponer que existen principios éticos universales que pueden defenderse a través de la diversidad cultural, pero sin que esto implique creer que bajo todas las particularidades representadas por la cultura, la naturaleza humana solo se encuentra en el campo biológico, invariable y estático. La cultura dinámica y caprichosa es parte constitutiva del hombre y si es que existe algún concepto de naturaleza, de acuerdo a la clásica idea aristotélica, ésta debería explicar tanto los aspectos dinámicos y estáticos del ser, es decir, tanto lo biológicamente constante como lo culturalmente aleatorio. De hecho, algunos autores consideran la naturaleza humana como ligada más bien con la dinámica cultural, cuyo fin no puede desentrañarse sino al final de los actos del ser y no como simple promedio de su experiencia. En este entendido, lo bueno y conveniente para el hombre no es determinado por una uniformización de sus actos por sobre las contingencias de su comportamiento distinto; sino a partir de su capacidad de relacionarse con el otro diferente y hallar el modo de convivir y aprender mutuamente de sus experiencias. Eso es pluralismo.

El antropólogo Clifford Geertz plantea la comprensión de fenómenos concretos renunciando a encontrar ideas universales que definan el hombre como tal (Ardevol, 2001). Pero contrariamente a lo que podría deducirse de su pensamiento social, las ideas políticas de Geertz defienden la necesidad de generar un dialogo entre las culturas afrontando problemas comunes mediante el aprendizaje entre congéneres disímiles, sin disipar la divergencia. Por tanto, aunque suene irónico, es solo a partir de la particularidad que puede convenirse en una “universalidad viable”. Como se aprecia, Geertz, no aboga por una homogeneización de la vida social; sino por una retroalimentación entre los diferentes enfoques. Un dialogo posible y necesario entre disparejos. Un ejemplo de Geertz, es la preocupación por el orden social y el divorcio entre las leyes y los actos que son temas comunes a partir de los cuales podrían conversar un antropólogo y un abogado con ejercicios laborales y visiones de mundo distintas.

“Lo que necesitamos, apunta, es una conciencia creciente, más exacta, de lo que al fin y al cabo, una disciplina puede ofrecer a la otra” (Ibíd).

Al formar parte de una subjetividad etnocéntrica mayor que nuestra propia subjetividad, algunos autores creen que un cierto etnocentrismo no solo es inevitable; sino que no es necesariamente malo, siempre y cuando no sea descontrolado, derivando en racismo violento, para evitar su destrucción ante una globalización homogeneizante. Claude Lévi- Strauss es defensor de este planteamiento.

“Esta diversidad resulta del deseo de cada cultura de resistirse a las culturas que la rodean, de distinguirse de ellas. Las culturas para no perecer frente a los otros deben permanecer de alguna manera impermeables” (Lévi-Strauss citado en Aguilera Portales, 2002).

Richard Rorty (más radical), sostiene que es preferible ser “francamente etnocéntrico” y asumir que no “podemos salir de nuestra piel” para acceder al mundo de la razón y la universalidad.

Clifford Geertz calificará tanto la posición de Rorty como la de Lévi-Strauss como:

“Una rendición apresurada al bienestar de ser simplemente nosotros mismos, cultivando la sordera y maximizando nuestra gratitud por no haber nacido vándalo, o ik” (Clifford Geertz citado en Ibíd).

Como se exponía, Clifford Geertz aboga por una predisposición a la comunicación entre las culturas, a un enriquecimiento de las percepciones que acerquen a los que piensan distinto en vez de un encierro en la subjetividad aislada. Pero a medida que los niveles de agrupamiento social se van alejando del individuo a niveles de grupo y estos grupos a su vez en un conjunto de grupos, se va haciendo más difícil encontrar universalidades capaces de cohesionar las aspiraciones individuales y las normas grupales; sin embargo a pesar de ello, se han logrado consensos históricos. El único modo de alcanzar la organización social, es a partir de la búsqueda de intereses comunes. El antecedente más exitoso es la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano y posteriormente su heredera, la Declaración de los derechos humanos.

Es probable que el mayor consenso de todos sea la lucha por la libertad. El hombre a través de las culturas procura la reproducción de su vida alcanzando los fines que su visión de mundo le permiten trazarse. Pronto sabrá que si estos fines afectan la vida de otros a su alrededor será algo difícil de lograr, ya que ellos buscan lo mismo tal vez sin perjudicar al otro. Incluso aquellos que creen que su opresión está justificada ante la brutalidad de su abusador buscarán el modo de conseguir la libertad por la fuerza o de ejercerla en secreto, (salvo horrendas excepciones). Por tanto, a la mayoría no le gustará ser considerado inferior que alguien y menos ser esclavizado bajo esa fundamentación, aunque algunos no tengan problema en discriminar y esclavizar y otros en ser oprimidos con engaños o autoengaños. La mayoría no querrá ser juzgado por otros sin que se le permita una defensa frente a los motivos de su imputación, circular libremente explorando la vida en diferentes latitudes, identificarse y formar parte de una colectividad, tener propiedades y los medios de procurarse la reproducción de su vida y los motivos que le dictan la subjetividad y la cultura.

Estos son conceptos a partir de los cuales un dialogo entre culturas es posible.

Jean Paul Feldis en Bolivia realizara un rastreo de las formas de pluralismo y sus implicaciones a lo largo de la historia europea y americana en un contexto local en el que el viejo Estado – Nación era desmantelado en nombre de violentas protestas propulsoras de un plurinacionalismo despótico. Feldis expondrá pertinentemente formas de pluralismo que están basadas necesariamente en una búsqueda de dialogo y predisposición del orden social por parte de los ciudadanos; en contraposición a falacias etnocéntricas y autoritarias retocadas como pluralismo. Tal vez en oposición, la propuesta de descolonización metodológica de Denise Arnold (op.cit) haciendo hincapié en la teoría de Kuhn acerca de los paradigmas como “construcciones discursivas que no pueden traducirse entre sí”, su visión política de las metodologías de investigación como forma de plantear la reconfiguración de las relaciones de poder de una sociedad y su oposición al control de la diversidad que se hacía dentro el Estado de Hegel, cae en un relativismo cultural conflictivo al no proponer diálogos entre las metodologías de la sociedad moderna y las propuestas metodológicas postmodernas y participativas indígenas que propugna.

Una de estas visiones sostendrá que un verdadero pluralismo tiene raigambre social, que emana de las manifestaciones ciudadanas con voluntad democrática, con capacidad de autorregulación, interrelación grupal y respeto a instancias supra – grupales (Estado y organismos supraestatales) evitando de este modo tanto el atropello sobredimensionado del Estado sobre los individuos y al mismo tiempo el desborde anárquico de los mismos.

“Se trata de una forma de ‘federalismo social’, opuesto al federalismo político, simple asociación entre unidades políticas. El federalismo social es un principio de organización social del centralismo político y del individualismo; postula un pluralismo de una sociedad constituida por una red ordenada de agrupaciones intermediarias entre el individuo y el estado. Cada agrupación tiene su dominio de acción, personalidad, finalidad, capaz de auto-organizarse, subordinada al bien común. Favorece una descentralización hacia las unidades locales, pero no propiciada por el estado central, mediante la delegación o transferencia de responsabilidades. La acción política y legislativa no se limita a la ciudadanía o al ámbito territorial del estado nacional” (Felids, op.cit. p. 178).

Entre las formas de pluralismo existirá un pluralismo radical y uno atenuado. El radical sostendrá que el Estado solo puede aprehender las normas e instituciones ya creadas por la sociedad civil lejos de ser fundadas e impuestas por el Gobierno, admitiendo de este modo la diversidad normativa sobre su territorio. El pluralismo atenuado permitirá la existencia de un Estado que admite la presencia de poderes sociales distintos a los suyos, dentro los cuales se defienden tanto los derechos colectivos como los individuales en contexto de economía de mercado (Ibíd. 187-190).

2. Bolivia: entre la pertinencia y la falsedad

Las bases que se deben estructurar para lograr que el pluralismo social se cristalice en un coherente pluralismo político y jurídico es la apertura a la intersubjetividad por parte de los ciudadanos a la que hacía referencia Clifford Geertz. Inicialmente fue el liberalismo europeo el que al defender obsesivamente las libertades, protegía como uno de sus postulados fundamentales la libertad de expresión, el derecho que tiene todo ciudadano de manifestar sus ideas independientemente de su situación social. El liberalismo surgió en un contexto de opresión caprichosa de las jerarquías que monopolizan los poderes y restringían a su entorno los mecanismos de la adquisición de atribuciones, así como el derecho de ejercer sus libertades. El proceso de liberalización de la sociedad fue posible gracias a la solidaridad intelectual de aquel entonces, que postuló sus ideas convenciendo de su conveniencia a la vecindad y haciéndose del poder para construir eficientemente estas reformas. Defendiéndose desde el Estado la igualdad del individuo ante la ley y la procura de su propio bienestar, la economía, la educación y la salud.

Pero a pesar de que la ley defendía efusivamente la libertad de pensamiento de los ciudadanos, muchos liberales no pudieron comprender el alcance intercultural que podía tener este principio (ejemplos históricos son la esclavitud africana en pleno ejercicio del liberalismo norteamericano, el desprecio racista de muchos liberales ibero americanos hacia los indios). El pluralismo puede ser interpretado desde cierta perspectiva como la trascendencia del liberalismo hacia la interculturalidad. El pluralismo implicaría respetar las normas y criterios de los distintos pensamientos socio-culturales, sin afectar los derechos humanos del cuerpo social y en base al consenso de los pensadores. Esto implicaría respetar tanto derechos colectivos como individuales.

En Bolivia el proceso de liberalización social tuvo menos éxito que en otros lugares, no logrando superar la caracterización de un liberalismo aparente y contradictorio. Al parecer son los mismos obstáculos los que la sociedad boliviana atraviesa actualmente respecto a la implementación del pluralismo político en la actual Constitución Política. Desde este punto de vista puede comprenderse cuales son los avances y retrocesos de la sociedad boliviana respecto a este pensamiento.

Si bien desde la década de los 90, a partir de manifestaciones legitimas de grupos sociales que se consideraban a sí mismos diferentes desde el punto de vista étnico a la nacionalidad que postulaba el Estado boliviano bajo el concepto de ciudadanía, la República realizó una reforma constitucional en la cual admitía el carácter multiétnico y pluricultural de sus ciudadanos, aunque esta diversidad no se hallaba reflejada en la articulación del régimen interior del texto constitucional. También en el mismo periodo el Estado aparentemente reconocía agrupaciones ciudadanas formadas en la sociedad civil (denominadas Organizaciones Territoriales de Base) como poderes alternos capaces de fiscalizar la acción pública en un proceso de municipalización denominado “Participación Popular”. Pero fue en realidad la constitución del año 2009 la que generó una polémica teórica con la incorporación de la plurinacionalidad al Estado otorgando el reconocimiento de nivel de Gobierno a los pueblos indígenas bajo sus usos y costumbres así como ciertos principios aparentemente reconocidos por ellos a los valores de la Constitución Política, incluyendo además organizaciones de la sociedad civil como los “Movimientos Sociales” a manera de formas alternativas de cogobierno con el Estado.

Aunque el pensamiento oficial y algunos pensadores cándidos ven a esta Constitución como una estructura política paradigmática a nivel global respecto a los avances del pluralismo político, existen contradicciones evidentes entre lo que se predica y lo que se logra. Evidentemente el pluralismo fue utilizado para encubrir una dominación y distintas formas de abuso sobre los ciudadanos, exacerbando un etnocentrismo y un clasismo atroz, garantizando este proceso con el encubrimiento de organizaciones de clases bajas y pueblos indígenas, manipulados ideológicamente y sobornados económicamente como cuasi grupos paramilitares de choque. Esta tergiversación solo puede poner en peligro la credibilidad del pluralismo.

Al nacionalizar las empresas estratégicas de la economía boliviana, se percibió un aparente manejo útil de las finanzas públicas y un respeto por el sector privado. Pero actualmente estos procesos se han comenzado a evidenciar como una destrucción progresiva y lenta del sector privado espontáneo, copado cada vez más por el sector público a través de expropiaciones o simplemente de extorsiones a los principales productores para alinearse a las estrategias gubernamentales (a veces en contradicción a la eficiencia productiva), con el objeto de no perder lo que queda del beneficio privado. Otra estrategia es la usurpación de negocios rentables por personeros de Gobierno o afines en calidad de privados, como modo de disimular el lento exterminio de lo privado. Esto no apunta a un pluralismo económico; sino a un totalitarismo de características socialistas que fomenta la ineficiencia de las empresas públicas.

Al leer la Constitución y revisar las declaraciones oficialistas se podría pensar que desde el comienzo del Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) se protegió la libertad de expresión en el territorio boliviano. Pero evidentemente aplicando la misma metodología que se usa para copar el sector privado, los medios de comunicación son usurpados de la misma manera, o son amedrentados con intención de impedir que contradigan disposiciones gubernamentales, muy al estilo de las dictaduras clásicas. Y ante cualquier amenaza opositora viable que ponga en peligro el manejo del poder por parte del MAS, existe el uso de la justicia para desestabilizar cualquier discurso contradictorio a la política estatal, reprimiendo con casos judiciales muy forzados y hasta falseados por parte de la estrategia estatal.

Estos ejemplos demuestran que lejos de ejercerse un pluralismo social y antropológico en Bolivia se usa este hermoso concepto para satisfacer intereses perversos y manipulación de las grandes masas empobrecidas y con carencias educativas. Pero lamentablemente las características culturales de la ciudadanía boliviana son las adecuadas para lograr esta tiranía feroz.

Desde la educación en el hogar, se encuentra un desequilibrio que ondula entre cierto autoritarismo en el comportamiento de los padres y un lisonjeo pragmático hacia los hijos descontrolados. Los padres no suelen tener predisposición de comunicarse con los niños, de entender su pensamiento naciente. Los niños suelen ser reprimidos brutalmente sin ser comprendidos o mimados como forma de eludir la difícil labor de introducir conceptos en su mente. Al tener un impulso egoísta y expeditivo de superviviencia (llanto, caprichos, curiosidad, transgresión de normas) y constituirse muchas veces en una incomodidad, a los niños no solo se les enseña que tienen que pensar en no perjudicar a los demás para satisfacer sus propias necesidades; sino que se los suele reprimir sin explicación ni comprensión de sus propias necesidades. Si la voluntad del niño y su capacidad de ejercerla no son dañadas de un modo profundo (introversión producto de una represión infantil), el chiquillo entiende que para conseguir lo que quiere tiene que arrebatarlo con artimañas lisonjeras o autoritarias, justo al modo que lo criaron. Primero vence a sus padres-maestros y posteriormente se lanza en una lucha encarnizada contra la sociedad, atropellando todo aquello que no comprende y ejerciendo la contrariedad que le ejercieron sus padres contra grupos socio-culturales distintos.

La incapacidad empática y la despreocupación por el orden social son el producto de un egoísmo o imposibilidad de distribución por parte de aquellos que tienen (recursos materiales y espirituales) hacia los que no. Ya sean padres de familia, maestros, clases altas, élites intelectuales, partidos políticos.

Se entiende que un grupo pluralista debe esparcir sus ideas entre la gente, tomar el Estado en un marco democrático e implementar el pluralismo en la educación pero también ejercerlo en la vida ciudadana con capacitación y en caso de necesitarse (como último recurso), con castigos racionales. De lo contrario la ola de autoritarismo que rige nuestras sociedades se esparcirá manteniendo a la ciudadanía presa de grupos resentidos, distorsionadores, que venden utopías para satisfacer su ambición jerárquica, (desde la iglesia, cruzando desde la economía de mercado, la democracia de derecha, el fascismo y el socialismo).

De este modo también el pluralismo es usado por la Iglesia Católica para ocultar intereses jerárquicos y “visiones privilegiadas de mundo” que destrozan todo pluralismo. En el Discurso al mundo de la cultura y la clase dirigente en Santa Cruz, Juan Pablo II decía no querer juzgar las especificidades culturales de cada pueblo; sin embargo intenta que éstas se adapten a la doctrina social de la iglesia. De modo que a la inversa, la evangelización debe nutrirse también de los elementos culturales que le sean útiles a sus intereses. En ese sentido interpreta que la historia de Bolivia expresa una clara manifestación de la inspiración cristiana que contribuyó al progreso cultural pluralista del país. Distorsión de lo que realmente ocurrió con muchas culturas actualmente desaparecidas bajo un sincretismo cristiano.

Pero, fieles a los consejos y métodos sugeridos por Juan Pablo II en 1988, la clase dirigente cruceña de la primera década del 2000 también usó el pluralismo para lograr encubrir su propia jerarquía social. Los fundamentos de su movimiento fueron la grotesca estructura centralista del Estado y su diferenciación étnica como justificación de una estructura política autónoma regional.

Evidentemente, aunque en sus artículos 4, 5, 7 y 8 el texto constitucional aprobado por el MAS esclarece de manera teórica el respeto que el Estado Boliviano tiene por la diversidad sociocultural del territorio, autodenominándose “Social Unitario de Derecho Plurinacional con Autonomías”, el Gobierno central aglutina descomunalmente 83 competencias, por ejemplo, España tiene solo 32 competencias exclusivas (Urenda, 2010), entre las cuales se encuentra el manejo de la policía, políticas del sistema de educación y salud, políticas generales de desarrollo productivo, políticas generales de vivienda, áreas protegidas, etc. Reservando para los niveles inferiores de Gobierno solo competencias de infraestructura y protección de patrimonio. Esto no demuestra un espíritu de ejercicio plural para el manejo de la política estatal. Ante tal injusticia cometida contra regiones de las cuales el Gobierno central extrae la mayor parte de sus recursos financieros sin permitir su propia autodeterminación es que en Santa Cruz se propusieron varias propuestas descentralizadoras.

La propuesta de Nación Camba y las posteriores propuestas autonómicas también utilizaron frecuentemente algunos discursos pluralistas, pero sus intereses además de políticos eran también clasistas y etnocentristas. Trataban de forzar una inclusión de migrantes andinos nacidos en tierras bajas, clases bajas cruceñas y pueblos indígenas dentro el concepto “camba” con el objeto de obtener apoyo masivo a su proyecto político cuya ejecución garantizaría sus intereses de clase e identidad cultural (“Nación Camba: Sin Caudillos ni capuchas”, 2001). Pero de manera más franca, el libro Las Raíces de la Autonomía Cruceña de Daniel Dory (2009) plantea la visión social que este grupo maquillaba como pluralista. Dory deliberadamente homogeniza lo cruceño asimilado a lo hispanista, disolviendo los rasgos indios en los criollos, subordinando los intereses de clases desfavorecidas a los de las privilegiadas y sobre todo identificando lo cruceño con lo autonómico, a pesar de existir una diversidad de ideologías posibles en el interior de este conglomerado.

3. ¿Es viable el pluralismo político en Bolivia?

Aparentemente el sistema político boliviano a través de la historia ha divagado por extremos radicales que por un lado trataron de establecer políticas sociales desde el Estado pero restringiendo algunas libertades ciudadanas; o por el contrario dejando a la sociedad civil desregulada en contexto de fuertes asimetrías sociales. Esto revela por un lado una fuerte carga despótica en aquellos que logran ejercer el poder político y económico; y por otro lado, cierta incapacidad de ejercicio ciudadano informado, de auto-regulacion social, que sustentaría un pluralismo, como freno a los intereses políticos abusivos y a la anarquía social.

Jean-Paul Feldis en su curso de sistemas políticos cruceños realizará una clasificación de los modelos de sociedad existentes actualmente en Bolivia dividiendo las tendencias en dos grupos: Aquellos que buscan mantener las estructuras y el rol de Bolivia como país capitalista dependiente y aquellos que buscan operar un proceso revolucionario socialista.

Tanto el actual Movimiento al Socialismo como los partidos de oposición de derecha defenderían la primera tendencia, ya sea achicando el Estado divorciado de necesidades sociales o inmiscuyéndolo de manera arbitraria y contraproducente en las mínimas actividades de la sociedad civil. No existe una visión progresista de la sociedad que en base a alianzas ciudadanas produzca un auténtico pacto social de cooperación pluralista para crear un universo económico coherente de posicionamiento estratégico de cara a la economía globalizada. El Estado Boliviano jamás habría ensayado una auténtica economía social de mercado, como una forma de auto-regulación civil de intereses grupales e individuales alcanzando mejoras del nivel de vida, sin demasiado intervencionismo estatal, aunque con la protección de la igualdad, libertad ante la ley y la garantía de ciertos servicios sociales.

Ante semejante panorama desolador, el pluralismo tiene viabilidad. La lucha histórica por la libertad del hombre es admirable. Siempre hubo individuos capaces de organizar una resistencia sagaz a la mejor opresión estructurada con comodidad sobre pueblos despojados de materia y espíritu. La sociedad civil actualmente está organizada en colectividades que todavía no logran ser desmanteladas por la maquinaria oficialista, ya sea en sindicatos, ya sea en grupos empresariales, religiosos, vecinales, fraternales, de economía informal, posesión de territorios étnicos, etc.; solo se deben formalizar las relaciones intersectoriales y extraestatales a partir de una autentica búsqueda de visión compartida de desarrollo local. Pero eso sí, allí sí que deberá existir pluralismo. Para ello se necesitan dos cosas. Voluntad política y un cambio radical de mentalidad. En realidad ambos procesos van juntos. Al comenzar a difuminar una idea oportuna se adquiere poder y mientras se consensua una visión de futuro se operacionaliza la forma de alcanzarla. La política boliviana de los próximos años debe encaminarse a un auténtico proceso de pluralismo social como forma de legitimar un pluralismo político autentico ante el inevitable desgaste y conflicto que produce el manejo tiránico irónicamente antipluralista del actual sistema político manejado por oficialistas y opositores. Quizá Santa Cruz es el universo propicio para intentar este ejercicio, planteándose la necesidad de presentar una visión política alternativa a la brutalidad impuesta por afuera y por dentro.

4. Bibliografía.

Aguilera Portales, Rafael (2002). “El problema del etnocentrismo en el debate antropológico entre Clifford Geertz, Richard Rorty y Lévi-Strauss”. En Gazeta de Antropología. Recuperado en 2014 de http://hdl.handle.net/10481/7399

Amilburu Maria G (2009). “Cultura” En Philosophica: Enciclopedia filosófica on line. Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Roma. Recuperado en 2014 de http://www.philosophica.info/index.html Ardevol, Elisenda (2001). Orden y sentido: Los fundamentos culturales del derecho en la antropología interpretativa de Clifford Geertz. Madrid. Recuperado en 2014 de http://cv.uoc.edu/~grc0_000199_web/pagina_persona/eardevol_online_pub_cat.htm

Arnold Denise (2006). “Metodologías en las ciencias sociales en la Bolivia postcolonial: Reflexiones sobre el análisis de los datos en su contexto”. En Pautas metodológicas para investigaciones cualitativas y cuantitativas en ciencias sociales y humanas. Cuarta edición. La Paz: PIEB.

Discurso de Juan Pablo II al mundo de la cultura y la clase dirigente de Bolivia (1988).

Dory, Daniel (2009) “Las Raíces Históricas de la Autonomía Cruceña: Una Interpretación Política”: En: Construyendo Autonomía N° 13. Santa Cruz de la Sierra: Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz.

Feldis, Jean-Paul (2011) Sociología jurídica: En época de caos. Segunda edición reformulada. Santa Cruz de la Sierra.

“Nación Camba: Sin Caudillos ni capuchas” (8 de febrero de 2001) En El Deber. Santa Cruz de la Sierra. p.A8

Urenda, Juan Carlos (2010). Hacia la reconducción del proceso autonómico: Proyecto de reforma constitucional del régimen de distribución de competencias. Recuperado en 2014 de http://eju.tv/2010/07/proyecto-de-reforma-constitucional-elaborado-por-juan-carlos-urenda/