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Acerca de © myrfa, 2016. Pixabay License

Mi nombre es Juan P. Paredes, soy un bibliotecario con estudios universitarios en Sociología e Historia, además soy muy aficionado a la informática. Vivo en la Guardia, municipio de Santa Cruz, Bolivia. También soy una persona muy interesada en la política, por tanto, me parece importante aclarar en este espacio algunas de mis convicciones básicas.

Si bien, profeso firmemente la tolerancia como principio, ésta la condiciono necesariamente a una estricta situación de Estado de derecho bajo la forma democrática de gobierno. Así, no admito la constante actividad sediciosa ni los fines en los que se justifica el Foro de São Paulo por ejemplo, como tampoco encuentro el populismo de extrema derecha como la doctrina ideal para mantener el orden occidental internacional. Por otro lado, respeto el auténtico socialismo democrático (aunque no lo comparta), como considero al neoliberalismo usualmente atento con las transiciones electorales.

Después de lo expuesto, hay quien podría pensar que soy un genuino centrista, aunque creo que en mi caso hay algunas cosas más para aclarar. No me parece que el medio de todas las ideologías represente algo virtuoso en sí mismo, sin embargo apuesto a que todas las corrientes de pensamiento político pueden aportar instrumentos útiles para erigir un mejor Estado para todos. También podría definirme como un pluralista (ver mi ensayo sobre pluralismo), pero esto tampoco es algo que se acomoda categóricamente en alguna de las dos alas del espectro ideológico en el que nos movemos desde la Revolución Francesa. Creo que las circunstancias históricas de cada sociedad requieren de soluciones muy específicas, pero como dije anteriormente, éstas no deben alejarse nunca del humanismo jurídico, evitando de esta manera el peligroso riesgo relativista.

Probablemente, lo correcto sea precisarme a mí mismo como un humanista muy escéptico, que abriga el agnosticismo y una suerte de centrismo político que no desprecia el pragmatismo.

¿Por qué Caduquera?

La gente que me conoce sabe que puedo llegar a ser muy inquisitivo y argumentador.

Si bien, el adjetivo caduco referido a una persona suele aludir a su decrepitud por vejez, en el oriente boliviano se lo utiliza también para señalar a alguien que insiste en algo de manera caprichosa aún sin tener razón, independientemente de la edad. Lo que llama la atención de este último significado es que al no ser alguien dueño absoluto de la razón o ser ésta suceptible de rebatirse con el tiempo, existe siempre la posibilidad de que los argumentos de algún individuo obstinado a contracorriente puedan pasar a ser válidos en otras circunstancias y así su caduquera mudar de la vileza a la virtud (sí, en vez del sustantivo caducidad que deriva de la primera acepción del calificativo descrito, en las tierras bajas de Bolivia se usa caduquera para sustantivar el sentido local del epíteto). Debe ser por eso que ciertas personas de Santa Cruz (al menos en la actualidad), también utilizan este atributo en un sentido más afectivo, para denotar en alguien experiencia, método y perseverancia.

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