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Bitácora en línea de Juan P. Paredes

Reggaetonero © Moses Vega, 2017. Unsplash License

por Juan P. Paredes

Los que vivimos la década de los 90, recordaremos dos peculiares canciones reggae-rap que venían del Caribe, tremendamente exitosas y muy pegadizas, cuyas letras tenían en común el fijar su atención en el cómo las mujeres debían bailar ese nuevo ritmo: sacudiendo las caderas y los muslos de manera repetitiva y rápida, en clara alusión al acto sexual. Esas renombradas canciones son, por supuesto, Muévelo (1991) del General y El Meneíto (1992) de Gaby. Al sonar en fiestas, lograron que muchas damas se animen a hacer la provocativa coreografía solicitada por el audio, generando tanto entusiasmo como crítica entre los asistentes. Lo que pocos se habrán imaginado entonces es que a estas estimulantes composiciones se sumarían muchas más y esa misma década daría inicio a un nuevo estilo musical que (al igual que los ilustres prototipos mencionados), se caracteriza por colocar una pista rítmica de ese reggae sintetizado (al que luego denominaron dembow), con alguna melodía básica rutinaria y una interpretación en rap. A todo esto se lo llamó reggaetón y a su baile, sandungueo (en su versión menos intensa) y perreo (en su forma más extrema).

Diversificándose también hacia temas de amor y desamor, el reggaetón comenzó a conquistar la demanda musical de la década del 2000, casi totalizándola en los años 2010. A mediados de este decenio, se dio sin embargo, un nuevo giro en la tendencia. Varios intérpretes de reggaetón comenzaron a crear moda cantando también trap, que es un derivado norteamericano del rap, con ritmo mucho más lento y pausado. Aunque en ocasiones ambos estilos puedan sonar similares, lo que los diferencia fundamentalmente es el uso del mencionado dembow como base rítmica del reggaetón, que el trap no utiliza. Sin embargo, lo que interesa aquí es el componente lírico que el trap incorporó al reggaetón. Las letras ahora abordan narrativas de abuso de sustancias, incentivo a la infidelidad compulsiva y formas de contacto sexual e identidades que antes no se exploraban en este estilo musical. Esto generó que muchos reggaetoneros de la “antigua escuela”, como Don Omar, tomen sus distancias de esta nueva moda. Maluma y Bad Bunny son claros representantes del nuevo movimiento.

Pero, ¿qué explica el exponencial éxito de esta particular música en nuestra sociedad?

Tal vez no sea tan curioso el hecho de que el reggaetón haya surgido y se haya desarrollado en América Latina, todavía caracterizada por la condición predominantemente conservadora de sus élites y en sí, gran parte de su población, muy sumida en distintos tipos de inequidad. De hecho, esta ironía llevó a la profesora colombiana de Filosofía y Letras, Carolina Sanín, a comparar el erotismo explícito de la lírica reggaetonera con la exitosa poesía sexual de los cánticos trovadores durante la Edad Media. Tal elegía era expresada en lengua común y no en latín, precisamente porque ésta la hablaban las mujeres y los estamentos bajos. Sanín entiende que el reggaetón tiene una dinámica similar a la de entonces, como una exaltación ambientada en estratos bajos que cumple una inintencionada resistencia a las rígidas estructuras reguladoras de “lo correcto”, preservadoras de la disparidad y los privilegios. Incluso, llega a afirmar que el énfasis que le ponen estas letras a la búsqueda del placer femenino y la voz libidinosa que muchas veces se le presta a la mujer, son fuerzas “liberadoras” para un potencial “feminismo” que busca un rol más activo en lo erótico.

Aunque, también hay buenos argumentos en contra de esta última tesis, ya que por esta manifiesta fijación, el feminismo acusa más bien al reggaetón de reducir a la mujer a un simple objeto sexual. Otras críticas al estilo son: su poca diversidad lírica, redundando, como se mencionaba, entre la veneración al erotismo femenino heterosexual, la banalización de la dinámica amorosa, alardeo (usualmente masculino) de superioridad al rival, la ostentación trivial de la riqueza material, crónicas de violencia urbana, incitación a la pobre formación académica etc. Finalmente, su estilo musical minimalista (sobretodo luego del trap) desprecia cada vez más las viejas reglas occidentales de relación entre melodía, armonía y ritmo, a las cuales llegaban a ajustarse (de algún modo) géneros musicales “disruptivos” como el rock, (que no se hizo problemas para vincularse con la música clásica, por ejemplo).

De hecho, hace no mucho aconteció algo ilustrativo en ese sentido. La Academia de los Premios Grammy decidió ignorar en sus nominaciones a muchos de los intérpretes más exitosos del reggaetón. Lógicamente, los cantantes protestaron con energía en sus redes sociales argumentando que cometían una injusticia hacia su exitosísimo estilo. Pero lo llamativo del suceso, es que a los reggaetoneros no se les haya ocurrido responder acusando a ese jurado de discriminación clasista (al igual que hicieron los raperos en Estados Unidos), ya que evidentemente, sus miembros tienden a ser de cierta generación, nivel académico y sectores musicales específicos y como se demostró, el reggaetón ya está en posición de aspirar a tener “representatividad” en ese espacio. Probablemente esa falta de iniciativa no sea de sorprender.

Y es que, la potencialidad transformadora que ve Sanín en los reggaetoneros tal vez sea todavía muy ideal. El estilo no logra superar su visión insustancial, lo que le impide adjudicarse causas sociales legítimas que a veces roza sin entender en su lírica. Por el contrario, más bien parece el estupendo nuevo aliado de “lo establecido”, un estimulante de la líbido que distrae de la situación social desfavorable, termina fortaleciendo el machismo, la falta de planificación familiar, de proyectos de vida, etc. (algo de lo que no se salvan tampoco versiones del rock, el pop y otros por cierto). Ni siquiera la propuesta reggaetonera ecléctica de René Pérez y su desaparecido grupo Calle 13, con su intento de oda progresista y sus fusiones experimentales, logró elevar a este ritmo hacia el anhelado rumbo vanguardista que algunos pensadores insisten en atribuirle. Y esta carencia, por el momento, parece afectar negativamente sus intentos de posicionamiento en sectores clave de la élite de la industria musical e incluso política, al modo que logró antes el rock. Pero es probable que esto sea simplemente cuestión tiempo.

Evo “Evo Morales Aima”. © Eneas De Troya, 19 de agosto de 2018. Creative Commons Attribution 2.0 Generic

por Juan P. Paredes

Evo Morales, luego de su renuncia a la presidencia de Bolivia y su inmediata huida internacional quedó en un estado de vulnerabilidad no demostrada desde hace más de una década. Desprovisto del poderoso aparato protector del Gobierno boliviano, como un ciudadano común, pasaba a buscar el amparo cómplice de un régimen afín, porque sabía bien que ya no podía vivir fuera del ambiente de hermética impunidad al que estaba acostumbrado. Era consciente que no sobreviviría un solo momento asumiendo su propia defensa, como bien queda demostrado en sus vergonzosas entrevistas. Pero para su notoria insatisfacción, por primera vez en años, se acerca la posibilidad de un juicio imparcial a sus actos criminales.

Su imagen actualmente demuestra una injusta idealización, especialmente en el extranjero. Gracias a la narrativa de biógrafos marxistas falsarios y poderosos medios sostenidos por el inoportuno Foro de São Paulo, es victimizado como un genuino líder indígena, pacífico, que desde sus inicios fue abatido discriminatoriamente por intransigentes fuerzas militares. Lo cierto es que desde antes de ser presidente de Bolivia, Evo ya incentivaba a su militancia a generar una violencia muy sangrienta, además que la legitimidad de su “movimiento indígena” siempre fue cuestionada, porque él simplemente fue (y es, incluso ahora desde la clandestinidad), el máximo dirigente de los campesinos responsables de proveer de materia prima al tráfico de cocaína.

Durante los 90, sus protestas en el trópico no eran pacíficas, por tanto, su represión nunca estuvo injustificada. Entre varios actos violentos propiciados por él, destaca uno en particular. Hubo varios testimonios de sus ex compañeros (incluido el ex senador fundador de su partido, Filemón Escobar) que lo incriminaron en la planificación del secuestro, tortura y asesinato de un grupo de policías y una esposa, a manos de cocaleros en el año 2000. Crimen del que si bien finalmente fue exonerado en la sentencia del juicio en aquel entonces (en un contexto en el que se hallaba protegido por su investidura de parlamentario, que solo abandonó para ser presidente), bien pudo haberse reabierto posteriormente ante estos nuevos testimonios.

Es evidente que los gobiernos de los 90 fueron incapaces de manejar el tema narco-cocalero y de insurgencia en general. No solo no pudieron encontrar soluciones concretas al desempleo y en sí, la notoria desigualdad social, sino sobretodo, se les fue de las manos la insatisfacción moral de la gente. Así, cobijados en la informalidad y la criminalidad, Evo Morales y su entorno de insurrectos estimulaban el fanatismo de los rencorosos y promovían tácticas malhechoras, mientras el Estado solo atinaba a responder con represión a las masas desocupadas, vandálicas e intransigentes y por si fuera poco, fracasaba constantemente en presentar casos judiciales irrebatibles para desbaratar a los extremistas. Y mientras lo subestimaban, Evo Morales iba tomando lentamente el poder.

Como presidente de Bolivia, luego de que su narrativa comunista disimulada aprovechara el desencanto de los proyectos políticos basados en el libre mercado para imponerse, su talante opresor, antidemocrático e incluso delictivo, no tardó en revelarse, a pesar de los ingeniosos esfuerzos de sus operadores políticos para camuflar mediáticamente su régimen dentro los límites de la democracia.

Todo comenzó en el periodo constituyente. Su partido desperdició la oportunidad histórica de crear un nuevo pacto social concertado con todos los sectores relevantes del país al intentar implementar una constitución política unilateral e ilegal, (aprobada sin el número de votos necesarios, sin coordinación con asambleístas de oposición y dentro de un cuartel militar). Ante su falsedad democrática revelada, se vieron en la obligación de modificar un poco su proyecto de carta magna en el parlamento (algo también ilícito) y hacer un obligado pacto político con la pragmática oposición del momento, para legitimar su texto indebido mediante referéndum nacional.

En esa y otras oportunidades, al encontrarse con una resistencia popular importante a sus aspiraciones, sus esbirros, presumiblemente, preparaban en secreto ajusticiamientos extrajudiciales de rivales (e incluso de su propia militancia), para atemorizar con sangre, desmovilizar a la contraparte y luego inculparla por crímenes de connotación racista. Así habrían logrado detener a muchos dirigentes y procesarlos penalmente, en ocasiones por absurdas calumnias. Los muertos durante su periodo fácilmente pasan la centena, y los perseguidos políticos el millar. Finalmente, al controlar casi totalmente el poder judicial, sus desvergonzados crímenes y actos de corrupción fueron quedando en la impunidad por años.

Su gobierno no conquistó demasiados cambios socio-económicos en comparación a sus predecesores, su administración estuvo plagada de grotescos actos de deshonestidad que no alcanzaron a disimularse con la millonaria campaña publicitaria con la que contaba y a pesar de su progresiva decadencia de reputación, se animó finalmente a revelar sin adornos su auténtico proyecto gubernativo: Instaurar una dinastía criminal por encima de cualquier voluntad popular. Así lo demostró al violar su propia Constitución, intentando reelegirse por cuarta vez y al organizar un majestuoso fraude electoral para declararse ganador en primera instancia. Pero aun así, su lado más monstruoso todavía no había sido revelado.

Ya cuando la ciudadanía se jugaba una de las últimas oportunidades de defender su libertad, paralizando el país en protesta contundente, Evo demostró que su ambición no tenía límites y permitió nuevamente que sus secuaces movilicen paramilitares que acabaron asesinando opositores y generando vandalismo indiscriminado contra la sociedad civil. Si bien, la Policía y las Fuerzas Armadas, muy patrióticamente, frustraron su proyecto aniquilador (lo que finalmente terminó provocando su huida voluntaria), alarma constatar que desde la lejanía sigue comandando a sus adeptos criminales para intentar desestabilizar el país, pretendiendo inculpar mediáticamente al Gobierno de transición por la violencia generada (tal como lo hizo en los 90 para hacerse del poder). Pero, esa inadmisible estrategia del agresor victimizado no debe triunfar otra vez.

Ya es hora de que Bolivia avance de una vez por todas hacia un auténtico desarrollo equitativo y soslaye finalmente esa aberrante confrontación en la que la sumieron los comunistas, esos despiadados estafadores que a nombre de los pobres se aprovechan de los beneficios de la modernidad, a la que con hipocresía patológica desprecian sin cesar.

Mujer © Jairo Alzate, 2015. Unsplash License

por Juan P. Paredes

Los dos últimos años, el Día Internacional de la Mujer tuvo mucha más conmoción que antes en los medios de comunicación y redes sociales. Incialmente, esta mayor intensidad mediática se relacionaba con el impacto del movimiento #MeToo (desde la maquinaria de Hollywood), posteriormente se posisionó la idea del problema en los titulares de las grandes emisoras de noticias y redes sociales (gracias a reacciones civiles contundentes en contra de los infaltables escándalos públicos de afrenta contra mujeres) y así se consolidó la atención mundial hacia un problema grave, científicamente demostrado, pero no lo suficientemente resaltado. Sin importar el lugar de origen, la clase social e incluso la cultura, las mujeres no tienen las mismas oportunidades de ascenso social que los hombres, y, además, son víctimas de violencia por parte de éstos.

Pero, ¿precisamente que tipo de violencia sufren las mujeres? ¿no es acaso el mismo tipo de violencia que podría sufrir cualquier persona en el mundo sin que necesariamente sea mujer?

Después de varias décadas de estudio al respecto, la Organización de Naciones Unidas logró estructurar un marco teórico sólido para definir con claridad el problema y plantear soluciones al mismo.

La expresión exacta no es violencia de género sino violencia contra la mujer, ya que tomando en cuenta su rol de género, el hombre también es susceptible de sufrir violencia de género. La violencia implica un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico o la amenaza de esos actos, así como la privación de la libertad. De acuerdo a un reporte global, la agresión contra las mujeres se diferencia claramente de la que pueden sufrir los hombres, por el entorno del acto y por las características de su causante. Mientras que los hombres tienen mayor probabilidad de morir en conflictos armados, violencia interpersonal o infligida por desconocidos, además del suicidio, las mujeres mayormente mueren victimadas por un varón cercano a ellas del que dependen emocional y económicamente. Por tanto, irónicamente, uno de los mayores lugares de peligro para la mujer es el espacio doméstico, donde la violencia puede ser sexual, incluir mutilación e incluso alcanzar el feminicidio (asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer), además de otras situaciones de riesgo externas como la prostitución o explotación económica forzada y el peligro de violencia contra las mujeres en situación de emergencia o conflicto.

Entonces, ¿cuál es el origen de este problema?, ¿por qué existe? Sin duda, no hay explicaciones simples. La OMS intenta esclarecer el problema de la siguiente manera.

La complicada relación entre los diversos factores que producen la violencia contra la mujer puede simplificarse en la división de causas individuales y supraindividuales (que a su vez se fraccionan en sociales, comunitarias y relacionales/familiares).

Usualmente, tanto mujeres como hombres comparten los mismos factores que convierten a uno en perpetrador y a otra en víctima. Entre los posibles factores individuales que provocan que un hombre ejerza maltrato están: bajos ingresos, bajo nivel educativo, ser víctima de abuso sexual o testigo en la niñez de violencia intrafamiliar, personalidad antisocial, uso nocivo de alcohol o drogas, y aceptación de la violencia. De modo opuesto, las causas individuales que ponen en riesgo de maltrato a una mujer son idénticas, extrayendo los bajos ingresos y personalidad antisocial e incluyendo juventud y depresión.

Las circunstancias supraindividuales que originan violencia contra la mujer pueden ser divididas en tres grupos.

Dentro el espacio de relaciones y familia, el hombre desea múltiples compañeras sexuales, tiene insatisfacción marital y un bajo o diferente nivel educativo. En el ámbito comunitario, existe aceptación de normas y roles tradicionales de género; hay un uso normativo de la violencia, por ejemplo, en las escuelas o lugares de trabajo; y, por último, las sanciones comunitarias contra la violencia son poco rigurosas. En el entorno social, existe posición desigual de las mujeres, pobreza y uso normativo de la violencia (por ejemplo, por la policía y otras instituciones estatales).

El beneficio de encontrar los orígenes de un problema, es que teóricamente, se puede plantear una solución. A todos estos factores detallados hasta ahora, podría denominarse factores de riesgo, ya que constituyen causas que pueden originar violencia; pero de la misma manera que existen circunstancias que ponen en peligro a las mujeres, también pueden proponerse factores de protección, o situaciones en las que se encuentran a salvo. De acuerdo a ONU Mujeres, esos factores son: educación secundaria completa para niñas (y niños); retardar la edad de matrimonios hasta los 18 años; autonomía económica de las mujeres y acceso a entrenamiento de sus capacidades, crédito y empleo; normas sociales que promuevan la equidad de género; servicios que articulen respuestas con calidad (servicios judiciales servicios de seguridad/protección, servicios sociales y servicios médicos); disponibilidad de espacios seguros o refugios; y acceso a grupos de ayuda.

Por último, estas proposiciones que se usan para explicar globalmente el problema, pueden aplicarse con mucha precisión en contextos como el boliviano. De acuerdo a ONU Mujeres, el 29% del género femenino de las américas fue víctima de violencia por parte de su pareja y un 10,7% fuera de la pareja, afirmándose que las tasas de agresión a las mujeres de la región están entre las peores del mundo. En Bolivia, una muy seria investigación llevada a cabo por Colectivo Rebeldía en 2013, atestiguaba que tras alrededor de 20 años de vigencia de leyes en contra la violencia femenina, las agresiones no solo persisten, si no que empeoran. En 2017, los casos de violencia contra la mujer en Santa Cruz de la Sierra, registrados por la policía nacional, aumentaron en un 9% en relación a 2016 (Beyuma V. et.al., 2018. Entrevista con el Cap. Ariel Prado Quiroz, Jefe de División de Delitos de Orden Sexual – F.E.L.C.V. de Santa Cruz). De manera más frecuente, los noticieros nos abarrotan a quemarropa con casos monstruosos de violencia contra mujeres, ante respuestas poco convincentes por parte de las autoridades competentes y reacciones indiferentes y hasta vergonzosas por parte de la sociedad civil.

Una de las consecuencias de maltratar a cualquier persona es que el daño no solo se lo lleva ella, sino que se lastima el entorno donde ocurre el delito y cualquier deseo de prosperidad que éste tenga. A nivel social, una colectividad que agrede a las mujeres, literalmente deteriora su propio desarrollo.

Floresta © Florian GIORGIO, 2016. Unsplash License.

por Juan P. Paredes

1. Antecedentes

La obra aquí abordada, Recetario amazónico de Dios: Veintiún poemas (Suárez, 2014), es compleja más allá del ingenio y belleza de sus versos, trasciende el primor de la composición y transmite pensamientos muy penetrantes. Por tal motivo, este escrito buscará describir las ideas que pueden extractarse de las recetas – poemas del autor.

Suárez Arauz es un poeta y ensayista brillante, nacido en Santa Ana del Beni en 1946 y doctorado en literatura en los Estados Unidos donde vivió prolongadamente. Por tanto, de forma constante, percibe la Amazonía desde la nostalgia al encontrarse lejos en un ambiente diferente. Esto le otorga una perspectiva muy particular respecto al resto de los autores cruceños, algunos también radicados en el extranjero. Teoriza sobre el Amazonas usualmente desde la lejanía.

Suárez tiene el mérito de co-fundar (junto a Charles Cutler) el Center for Amazonian Literature and Culture del Smith College, institución sin precedentes en la circunscripción y recopilación de la literatura de esta región geográfica. Ambientado en los escritos de esta parte del mundo y con la constante nostalgia de su lugar de origen, el autor sentirá profunda indignación por la destrucción progresiva del patrimonio natural y cultural de esta vasta región en manos de sociedades sin escrúpulos ni visión social.

Pero de forma más íntima aún, la formación de este poemario surge precisamente de su necesidad de volver a los inicios. El lugar donde en su niñez el joven Nicomedes ya comenzaba a fabular sin todavía escribir. Radicado ya en su madurez en los Estados Unidos con su familia, es impactado por el descubrimiento de un manuscrito desconocido en una biblioteca norteamericana, escrito por su abuelo materno (Rodolfo Araúz Marañon), el cual describe las características socioeconómicas de su región de nacimiento en 1912. Similar impacto, generará en su conciencia la herencia post-mortem del libro de recetas de su madre (hija del anterior), peculiar legajo cubierto de consejos de vida.

Estos son algunos de los orígenes manifiestos de su Recetario Amazónico de Dios.

2. Recetario y poesía, las partes de un propósito

Como se mencionaba, esta obra de Suárez, representa la alegoría como expresión de un pensamiento social contestatario ante el deterioro social y ambiental de la región. Como él mismo acreditará posteriormente:

“El año pasado la editorial The Bitter Oleander editó mi libro Edible Amazonia presentando una selección de poemas que rinden homenaje a la Amazonía y protestan en contra de la devastación de la región por parte de individuos y corporaciones corruptas” (Roth, 2003, p. 68).

El título en español “Recetario amazónico de Dios” permite concebir ciertas consideraciones.

La figura de Dios es usada con irónica premeditación. Dios es el delirio ancestral de hallar la causa eficiente última. Cuando el autor juega a describir la disposición de la labor paradisiaca de Dios, fabula una ontología del Amazonas. Aparenta desentrañar la industria divina de la región. Con voluntad satírica y sin perder el primor, realiza su faena a partir de apuntes gastronómicos. El recetario, a pesar de su jocosa hermosura, distingue más que la elaboración de entremeses: la revelación de su propia filosofía. Las entidades amazónicas que llaman poderosamente la atención de Suárez, descubren la alegoría de otras facetas y en muchos casos, del todo. Podrán ser en cierto modo síntesis del universo, piezas que cuentan con elementos de lo general entre sus particularidades. Por tanto, a través de estos cuerpos específicos que “delimitan” el Amazonas puede verse abordada también la integridad humana y su entorno.

Al tratarse de un recetario, las percepciones del autor usualmente quedan registradas no solo a través del proceso de mezcla de compuestos o percepciones visuales y táctiles de los mejunjes, (como exigiría la solemnidad gastronómica), sino también por la descripción modelada de su sabor, su olor y sobretodo la pasión que representan. Es así que no solo se hace poesía del alimento sino que se hacen degustables las imágenes de toda suerte de objetos. A la inversa, el aperitivo forma parte constitutiva de cualquier substancia amazónica que se disfruta con los demás sentidos. De ahí que la traducción de la edición en ingles del libro, sea “Amazonía comestible”.

3. Historia y biósfera

Los súbditos del Amazonas son parte constitutiva de este entorno en ancestral relación de armonía y conflicto. La ecología circundante, es hermosa en profusión, sutil, mágica y traicionera. Pero cada una de estas características ambientales interactuó hace centurias con voluntades humanas tan obsesivas que trastornaron la armonía de este paraíso ambivalente, de tal manera, que llegaron a formar parte de su milenaria conformación, quedando los hombres y las mujeres impregnados en la bioquímica de la floresta. A lo opuesto, el ímpetu bestial de la frondosidad caló tan hondo en la mente de los moradores, que no solo arbitró su configuración pedagógica, sino que se constituyó con toda su complejidad en el objeto de su adoración, la explicación metafísica de su ser, el origen de todas las cosas y en consecuencia, también en el centro de su satisfacción desmedida, (nada recíproca).

Por ello, para Suárez el árbol es la criatura divina que en esencia está nutrida de la historia. Siguiendo la mitología chimane, el origen del árbol es el cielo. Su corazón está constituido del relámpago, cuya energía es contenida con masa de pan secada al sol y la lluvia (por milenios), lo que revela el motivo de su magia y fortaleza. Su corteza está conformada por la materia de los pueblos circundantes a través de las etapas históricas. Es por eso que sus ciclos (sus anillos internos que revelan la edad) contienen caucho y sangre, pepitas de oro, esmeraldas y petróleo, tribus de indios mezcladas con yeso jesuita o no.

La orquídea es una pieza hermosa en su delicadeza, da la impresión de ser la hechura de un artesano talentoso y muy sensible. El autor, la conforma con elementos del ambiente amazónico (como el pedazo de luz del alba con el que se conforma el pistilo) y la compara con los moradores del río que al igual que las flores, se secan ante el cielo o arboleda (masa verde). Francisco de Orellana el ancestral explorador del Río Amazonas será apuntado como el primero en haber interactuado con este precioso objeto dando inicio a una fase de cambio radical de los ciclos, a partir de la sangre y la devastación de la preciosidad (Ibíd., p. 69). Las flores tienen antigüedad y consignan con todos los ingredientes de la primavera, constitución necesaria para alegrar la vida de las personas por donde se las encuentre.

El Amazonas en su magnificencia jamás es ignorado, constantemente interactúa con lo foráneo a veces para su pesar. La salsa inglesa es la relación de la cultura anglosajona con el Amazonas en la época del caucho. Se mezclan los ingredientes (mostaza, vinagre y azúcar molida), que baja del Amazonas hacia Liverpool, luego se van las semillas a Malasia (donde los ingleses generan su propio imperio económico) “y la costumbre amazónica de tomar el té cada día a las cinco en punto de la tarde”.

Gelatina de patas, es una crítica contemporánea al uso extensivo de la ganadería. De muestra hace falta solo un verso: “Para desmontar cien leguas de selva, basta tomarse un vaso de gelatina”.

La belleza del paisaje es inevitablemente equiparada al azúcar. El caramelo para guisos es la metáfora perfecta del alba y el ocaso que con sus ingredientes generan el sabor agridulce del guiso que se esparce sobre la floresta dándole “a los arboles un lindo color dorado”. El azucarillo, almíbar para bañar pasteles junto a glasé hecho de clara de huevo, es la materia constituyente de los ríos “que en noches de luna brillan tanto que se alzan hasta el cielo”.

Nuevamente la mezcla de almíbar esta vez cocida hasta la conformación de picos de buitre y perfumada con esencias de inquietud, sirve para constituir los ríos del atardecer. Finalmente, la mezcla de crema de mantequilla con café refleja la transición del día hacia la noche para que el primer trago de café al amanecer tenga el “sabor a aromática tierra amazónica”.

4. Del agridulce colonial a nuestros días

Continuando con lo apuntado en la anterior descripción, los objetos cotidianos de esta región atraparon la consternación de la historia incorporándola a su síntesis. De tal modo, la salsa de ají, el pan o el dulce de almendra son la personificación de la desilusión imperial desangrada en la satisfacción de su deseo desenfrenado de fortuna, ahora vertiente genética de una región, desgarrada entre la luz y la oscuridad.

La salsa de ají con ese sabor dulzón pero también adormecedor del sentido en su intensidad, es la representación condensada de los sueños hispánicos quebrantados desde hace siglos en estos trechos tropicales. Ya que al ser preparado junto con pesares, sueños, fragatas invasoras se “vacía sobre un grito, entre los vivos y los muertos”. El pan de mentira es la metáfora de las falsas leyendas de riquezas, que se “desayunaban” diariamente los ancestros, y los cuales reposaron y alimentaron la mente de la población cual pan que se deja reposar por cuatrocientos años y se come con el “chocolate espeso de la noche”. El dulce de almendra y leche solo puede tener el color oscuro con la canela y las armaduras de los sanguinarios Lope de Aguirre y sus soldados.

5. La desdicha de los magníficos indios

Los indios son seres extraordinarios de belleza formidable que no merecen de ninguna manera la desventura ancestral a la que fueron sometidos y heredan ahora. Hoy pervive su espíritu indómito en quienes así deciden denominarse y dentro de cada uno de los actuales pobladores, mestizos al fin, en distintos grados con o sin su voluntad.

La pierna silvestre sin duda es la descripción de la sensualidad física y anímica de la indianidad. Del estado corporal atlético sin “exceso de gordura”; dulce, al ser cocida en azúcar y caldo de piña; de color tostada al haber pasado por el horno; de sabor intenso al necesitarse que se la acompañe con yuca atenuante y “una tajada de silencio”, al ser cortada en rombos para degustar con efusión.

El indio maluco solo puede tener características sublimes a la vista y al gusto. Floresta, chocolate granulado, colores del ocaso, azúcar, limón y su cuerpo de harina de mandioca.

Pero la última estrofa del poema, convierte esta belleza en tragedia, haciendo referencia a la muerte progresiva de estos seres, la cual inició en 1542 con el ya mencionado Francisco de Orellana.

Aparentemente la mezcla de palmito hervido con pan blanco remojado, huevos y mantequilla con Guarayos molidos y una capa de queso para su cocción en el horno, permite alcanzar un blanco de pureza sin igual “como el corazón del palmito” y quizá por asociación, de los Guarayos también.

El limón está relacionado con la luz del sol, del cual debe quitarse la corteza para que en la limonada no quede nada amargo, y la cual debe ser hervida en almíbar para que su dulzor evite que el sol salga amargo por la muerte de indios infectados de virus Europeo.

El manjar blanco es la analogía perfecta del mestizaje. La leche europea es mezclada con el azúcar morena y “28 indias tostadas”, se le agrega sol tardío y río partido en rodajas y “se vacía en el olvido un poblado selvático más”.

6. El claroscuro amazónico

A lo largo de los poemas, las referencias a la dualidad del mundo amazónico son frecuentes. El amazonas es luminoso, prodigioso, embriagador, pero también oscuro engañoso y peligroso.

De hecho, al final de todos los poemas, Suárez se inclinará por ver lo tenebroso como conformante esencial de la tinta del escritor amazónico, que aparentemente se dedica a registrar las lobregueces que crecen cada día más, devorando la bondad de una región fabulosa.

La papaya es la síntesis del mundo natural y divino, está constituida por un barril del cielo y veinte mil mitos granulados, pero en el centro de su boca, tiene los dientes cariados.

El turismo ecológico demuestra la dualidad social. Está conformado por todos los ingredientes sabrosos y atractivos que conforman la diversión (sol, harina de rosca, raudal de enero, almendras picadas, barquitos, cocoteros y mangos entre otros); contrastados por los caimanes, antas, indias parturientas, chozas, leprosos y niños parasíticos “ingredientes para el baño dulce de este encantador paraje turístico”.

Decorado torta del libro abierto es la figura del Amazonas total, bizcochuelo en forma de libro decorado con glasé mármol reclinado contra los Andes y la otra tapa en la costa del Atlántico y amoldada a su masa, la serpiente “para que así el paraíso quede completo”, luego de haberse conocido el “bien y el mal”.

La tinta del escritor amazónico es oscura, ácida (limón y leche), tóxica (petróleo), conformada por seres que representan ambas cualidades (escarabajos, alguaciles, cepes, arañas y escorpiones); se escribe en el cielo con caligrafía renacentista que conformará “una bandada de buitres que limpiarán de carne los esqueletos de los días”. Por tanto, registra lo carroñero, oscuro, despiadado y complejo que también forman parte de la belleza rodeada de grotesco, desde el inicio de esta historia allá por esa etapa “amnésica” prehispánica y luego colonial, hasta nuestros días.

7. Bibliografía

Suárez Arauz, Nicomedes (2014) Recetario amazónico de Dios: Veintiún poemas. La Paz: Editorial 3600.

Roth, Paul B. (2003) “Entrevista de Nicomedes Suarez Arauz” En Recetario amazónico de Dios: Veintiún poemas. La Paz: Editorial 3600.

Social media disease “Social media disease”. © Raphael Labaca Castro, 2017. Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.0 Generic License.

por Juan P. Paredes

También llamados Generación Y, suelen reconocerse en la cultura popular como aquellos que atravesaron el cambio de milenio siendo jóvenes o aún niños. En estos días, ya puede considerarse a ese vasto grupo etario como en los inicios de la inevitable y paulatina transición social de relevo a las anteriores generaciones. Entonces, como es frecuente en la historia universal del parentesco, van surgiendo suceptibilidades acerca de cómo esa “novata” y “extravagante” multitud podría llegar a hacerse cargo del mundo.

Al ser solo una delimitación generacional vaga, lo milénial no puede ser tomado demasiado en serio para indagar supuestos atributos globales que con facilidad no superarían demarcaciones locales, culturales y sociales (esta labor implicaría buscar coincidencias, por ejemplo, entre las razones de una modelo parisina de 22 años, contratada por Chanel, con las de un joven sirio de la misma edad, enlistado en el Estado Islámico). Sin embargo, es posible encontrar rasgos no aislados entre varios individuos de esta generación. Como en otras situaciones, gente que fue expuesta a hechos similares (como desastres, enfermedades, enseñanzas religiosas, etc.), pueden presentar sentimientos y reacciones compartidas con pares ubicados en distintas latitudes. En el caso de los milénial, una práctica bastante extendida en la época de su crianza fue la exposición (mucho más intensa), a la televisión, por ejemplo y otros accesorios audiovisuales y en menor medida a los inicios del internet como fenómeno social a gran escala. En esas circunstancias, mientras más contacto haya tenido un individuo con el mainstream de los 80 y 90, probablemente tenga algo en común con equivalentes de otras locaciones y viceversa.

Ahora que los milénial están en su despertar político, los cambios en la forma de interactuar a través de los cuales pudieron ser formados y las innovaciones del Internet 2.0 parecen tener un impacto peculiar en las manifestaciones sociales vigentes. Según se observa, los movimientos de protesta ciudadana espontánea impulsados por las redes sociales exponen un sorprendente poder de convocatoria y presión coordinada que consigue resultados concretos (sobre todo en países con democracias relativamente sólidas donde la opinión pública es importante para tomar decisiones desde el Estado); sin embargo, para gobiernos inescrupulosos y sagaces, dispuestos a usar un buen aparato propagandístico y represivo, una gran congregación de personas no necesariamente es suficiente para disuadirlos de ceder en su intransigencia. En adición, es preocupante que el activismo actual, al parecer, está menos dirigido a cambiar realmente el estado de las cosas y más a establecer posiciones individuales públicas (vía internet), ante un suceso, que fácilmente es olvidado en el corto plazo, para luego retomar el estilo de vida consumista y rutinario. Ejemplos claros de estas “revoluciones de supermercado” son el movimiento 15-M o de los Indignados, el #MeToo, el independentismo de Catalunya y otros.

En contraste, es importante notar el éxito de algunos milénials (como individuos, ya no como grupos) para asumir de manera temprana y triunfante el mando en el mundo corporativo o estatal, en una época en la que la Generación X no termina de consolidarse en el poder. Dos buenos ejemplos son Mark Zuckerberg, CEO de Facebook y Kim Jong-un, presidente de Corea del Norte. El primero es la personificación del capitalismo de la vigilancia y el segundo, el líder del Estado más aislado del mundo. Son autoridades indiscutibles con aptitud para neutralizar críticas, destruir la competencia y apropiarse de luchas legítimas de origen colectivo.

En sí, el panorama colectivo actual es particularmente delicado. Cada vez más gobiernos nacionales tienen la capacidad de acceder a datos privados recolectados por dispositivos de vigilancia indiscriminada ampliamente distribuidos (smartphones, pc’s, cámaras con reconocimiento facial). Esto es más amenazante aún en el entendido de que cada una de las corrientes ideológicas clásicas (los grandiosos “ismos”), tuvo la oportunidad de reformularse como forma política oficial, de manera evidentemente decepcionante, entre finales y comienzos de siglo, para ocasionar que surjan regímenes populistas e intolerantes que no se alinean a un programa serio de gobierno y por si fuera poco, acumulan una grotesca capacidad represiva y desapego institucional, justo en el periodo culmen de descalabro ambiental al que está empujando la especie humana a este planeta, en un punto que según varios expertos, es de no retorno.

Entonces ¿Ésta es la generación que formulará soluciones a todos estos problemas?

En el mundo actual, el planteamiento de ideas y la organización de la gente parece no generar demasiadas alternativas a lo establecido. Algunos dirán que en parte es por ese mundo virtual absorbente, vigilado y disgregador que da indicios de avanzar hacia una sociedad orwelliana, con políticos al mando de un complejo estatal que tienen la destreza de insensibilizar a la ciudadanía para que no reaccione ante sus cada vez más osados excesos y con un implacable servicio de vigilancia, perfecto para predecir y manipular sus movimientos.

En compensación, lo que haría impredecibles a algunas personas, sería su capacidad de mantener distancias con el mainstream y esto permitiría alcanzar alguna diferencia. Idealmente, individuos e instituciones que usan dispositivos e internet para acumular y compartir conocimiento como nunca antes se hizo, por ejemplo; que crean sistemas informáticos que brindan estabilidad y privacidad; que logran organizarse para exigir que la inoportuna alianza entre corporaciones y gobiernos cambie la matriz productiva en orden de proteger un ecosistema autosustentable. Sin embargo, no necesariamente es el caso. La victoria del Brexit demuestra que vulnerar al gobierno de la nube es posible; pero atacar sin tener un proyecto con visión, realmente puede empeorar las cosas.

Lo que se forje al fin, cuando la sociedad transite entre las generaciones XYZ, será determinante para definir si se empoderará totalmente la cibernética corrupta y si la situación podría llegar a ser (en lenguaje del mainstream), como la que se presenta en la película Ready Player One (2018), de Steven Spielberg o la de Matrix Reloaded (2003), de las hermanas Wachowski. La diferencia no es sutil, la capacidad de maniobra de la resistencia, en la primera, es diametralmente mayor a la de la segunda, donde las revoluciones ya no se hacen para generar cambios que logren un mejor acuerdo de convivencia entre grupos sociales; sino que es un proceso previsto y tolerado por la máquina para actualizar su sistema operativo pre-configurado para tenerla con el control por siempre.

pluralismo © geralt, 2018. Pixabay License

por Juan P. Paredes

El siguiente ensayo expondrá algunas definiciones del pluralismo, evaluará cómo estos conceptos son abordados en Bolivia y en Santa Cruz desde la ciudadanía y sus ejercicios políticos y a partir de ello, intentará responder a la cuestión de la viabilidad de esta forma política en panorama adverso.

1. Definiciones de pluralismo

El pluralismo puede ser entendido como un sistema por el cual se acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas o posiciones (Diccionario de la Real Academia Española). Pero como se apreciará a continuación, el pluralismo como visión social contradecirá las antiguas teorías del Estado Moderno forjado a partir del concepto de razón universal teorizada por Hegel y Weber (Feldis, 2009, p. 176 y Arnold, 2006, p. 16). En un contexto de gran diversidad cultural a escala global, con grandes avances que han derrumbado las barreras a la movilización y la comunicación a distancia, la globalización, que logra al mismo tiempo una homogeneización de los rasgos modernos a niveles masivos, es impulsora de procesos de migración y relacionamientos varios entre culturas diversas, que a pesar de poseer en muchos casos intereses comunes de cara a la economía de mercado (búsqueda de empleo, educación, necesidades de afecto, salud, ejercicio político) sufren choques culturales fuertes a partir de sus prácticas y modos de alcanzar esos intereses, degenerando en un etnocentrismo radical. Las culturas presentes en los distintos países inician procesos de cuestionamiento al antiguo concepto de Estado Nación desgarrado entre un relativismo cultural y etnocentrismos radicales.

De cara a esta crisis del Estado, María G. Amilburu (2011) sostiene que el pluralismo es un intento de superar los errores tanto del etnocentrismo como del relativismo cultural a partir de un concepto teleológico de naturaleza humana que viabilice la convivencia entre distintos. Esto implica suponer que existen principios éticos universales que pueden defenderse a través de la diversidad cultural, pero sin que esto implique creer que bajo todas las particularidades representadas por la cultura, la naturaleza humana solo se encuentra en el campo biológico, invariable y estático. La cultura dinámica y caprichosa es parte constitutiva del hombre y si es que existe algún concepto de naturaleza, de acuerdo a la clásica idea aristotélica, ésta debería explicar tanto los aspectos dinámicos y estáticos del ser, es decir, tanto lo biológicamente constante como lo culturalmente aleatorio. De hecho, algunos autores consideran la naturaleza humana como ligada más bien con la dinámica cultural, cuyo fin no puede desentrañarse sino al final de los actos del ser y no como simple promedio de su experiencia. En este entendido, lo bueno y conveniente para el hombre no es determinado por una uniformización de sus actos por sobre las contingencias de su comportamiento distinto; sino a partir de su capacidad de relacionarse con el otro diferente y hallar el modo de convivir y aprender mutuamente de sus experiencias. Eso es pluralismo.

El antropólogo Clifford Geertz plantea la comprensión de fenómenos concretos renunciando a encontrar ideas universales que definan el hombre como tal (Ardevol, 2001). Pero contrariamente a lo que podría deducirse de su pensamiento social, las ideas políticas de Geertz defienden la necesidad de generar un dialogo entre las culturas afrontando problemas comunes mediante el aprendizaje entre congéneres disímiles, sin disipar la divergencia. Por tanto, aunque suene irónico, es solo a partir de la particularidad que puede convenirse en una “universalidad viable”. Como se aprecia, Geertz, no aboga por una homogeneización de la vida social; sino por una retroalimentación entre los diferentes enfoques. Un dialogo posible y necesario entre disparejos. Un ejemplo de Geertz, es la preocupación por el orden social y el divorcio entre las leyes y los actos que son temas comunes a partir de los cuales podrían conversar un antropólogo y un abogado con ejercicios laborales y visiones de mundo distintas.

“Lo que necesitamos, apunta, es una conciencia creciente, más exacta, de lo que al fin y al cabo, una disciplina puede ofrecer a la otra” (Ibíd).

Al formar parte de una subjetividad etnocéntrica mayor que nuestra propia subjetividad, algunos autores creen que un cierto etnocentrismo no solo es inevitable; sino que no es necesariamente malo, siempre y cuando no sea descontrolado, derivando en racismo violento, para evitar su destrucción ante una globalización homogeneizante. Claude Lévi- Strauss es defensor de este planteamiento.

“Esta diversidad resulta del deseo de cada cultura de resistirse a las culturas que la rodean, de distinguirse de ellas. Las culturas para no perecer frente a los otros deben permanecer de alguna manera impermeables” (Lévi-Strauss citado en Aguilera Portales, 2002).

Richard Rorty (más radical), sostiene que es preferible ser “francamente etnocéntrico” y asumir que no “podemos salir de nuestra piel” para acceder al mundo de la razón y la universalidad.

Clifford Geertz calificará tanto la posición de Rorty como la de Lévi-Strauss como:

“Una rendición apresurada al bienestar de ser simplemente nosotros mismos, cultivando la sordera y maximizando nuestra gratitud por no haber nacido vándalo, o ik” (Clifford Geertz citado en Ibíd).

Como se exponía, Clifford Geertz aboga por una predisposición a la comunicación entre las culturas, a un enriquecimiento de las percepciones que acerquen a los que piensan distinto en vez de un encierro en la subjetividad aislada. Pero a medida que los niveles de agrupamiento social se van alejando del individuo a niveles de grupo y estos grupos a su vez en un conjunto de grupos, se va haciendo más difícil encontrar universalidades capaces de cohesionar las aspiraciones individuales y las normas grupales; sin embargo a pesar de ello, se han logrado consensos históricos. El único modo de alcanzar la organización social, es a partir de la búsqueda de intereses comunes. El antecedente más exitoso es la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano y posteriormente su heredera, la Declaración de los derechos humanos.

Es probable que el mayor consenso de todos sea la lucha por la libertad. El hombre a través de las culturas procura la reproducción de su vida alcanzando los fines que su visión de mundo le permiten trazarse. Pronto sabrá que si estos fines afectan la vida de otros a su alrededor será algo difícil de lograr, ya que ellos buscan lo mismo tal vez sin perjudicar al otro. Incluso aquellos que creen que su opresión está justificada ante la brutalidad de su abusador buscarán el modo de conseguir la libertad por la fuerza o de ejercerla en secreto, (salvo horrendas excepciones). Por tanto, a la mayoría no le gustará ser considerado inferior que alguien y menos ser esclavizado bajo esa fundamentación, aunque algunos no tengan problema en discriminar y esclavizar y otros en ser oprimidos con engaños o autoengaños. La mayoría no querrá ser juzgado por otros sin que se le permita una defensa frente a los motivos de su imputación, circular libremente explorando la vida en diferentes latitudes, identificarse y formar parte de una colectividad, tener propiedades y los medios de procurarse la reproducción de su vida y los motivos que le dictan la subjetividad y la cultura.

Estos son conceptos a partir de los cuales un dialogo entre culturas es posible.

Jean Paul Feldis en Bolivia realizara un rastreo de las formas de pluralismo y sus implicaciones a lo largo de la historia europea y americana en un contexto local en el que el viejo Estado – Nación era desmantelado en nombre de violentas protestas propulsoras de un plurinacionalismo despótico. Feldis expondrá pertinentemente formas de pluralismo que están basadas necesariamente en una búsqueda de dialogo y predisposición del orden social por parte de los ciudadanos; en contraposición a falacias etnocéntricas y autoritarias retocadas como pluralismo. Tal vez en oposición, la propuesta de descolonización metodológica de Denise Arnold (op.cit) haciendo hincapié en la teoría de Kuhn acerca de los paradigmas como “construcciones discursivas que no pueden traducirse entre sí”, su visión política de las metodologías de investigación como forma de plantear la reconfiguración de las relaciones de poder de una sociedad y su oposición al control de la diversidad que se hacía dentro el Estado de Hegel, cae en un relativismo cultural conflictivo al no proponer diálogos entre las metodologías de la sociedad moderna y las propuestas metodológicas postmodernas y participativas indígenas que propugna.

Una de estas visiones sostendrá que un verdadero pluralismo tiene raigambre social, que emana de las manifestaciones ciudadanas con voluntad democrática, con capacidad de autorregulación, interrelación grupal y respeto a instancias supra – grupales (Estado y organismos supraestatales) evitando de este modo tanto el atropello sobredimensionado del Estado sobre los individuos y al mismo tiempo el desborde anárquico de los mismos.

“Se trata de una forma de ‘federalismo social’, opuesto al federalismo político, simple asociación entre unidades políticas. El federalismo social es un principio de organización social del centralismo político y del individualismo; postula un pluralismo de una sociedad constituida por una red ordenada de agrupaciones intermediarias entre el individuo y el estado. Cada agrupación tiene su dominio de acción, personalidad, finalidad, capaz de auto-organizarse, subordinada al bien común. Favorece una descentralización hacia las unidades locales, pero no propiciada por el estado central, mediante la delegación o transferencia de responsabilidades. La acción política y legislativa no se limita a la ciudadanía o al ámbito territorial del estado nacional” (Felids, op.cit. p. 178).

Entre las formas de pluralismo existirá un pluralismo radical y uno atenuado. El radical sostendrá que el Estado solo puede aprehender las normas e instituciones ya creadas por la sociedad civil lejos de ser fundadas e impuestas por el Gobierno, admitiendo de este modo la diversidad normativa sobre su territorio. El pluralismo atenuado permitirá la existencia de un Estado que admite la presencia de poderes sociales distintos a los suyos, dentro los cuales se defienden tanto los derechos colectivos como los individuales en contexto de economía de mercado (Ibíd. 187-190).

2. Bolivia: entre la pertinencia y la falsedad

Las bases que se deben estructurar para lograr que el pluralismo social se cristalice en un coherente pluralismo político y jurídico es la apertura a la intersubjetividad por parte de los ciudadanos a la que hacía referencia Clifford Geertz. Inicialmente fue el liberalismo europeo el que al defender obsesivamente las libertades, protegía como uno de sus postulados fundamentales la libertad de expresión, el derecho que tiene todo ciudadano de manifestar sus ideas independientemente de su situación social. El liberalismo surgió en un contexto de opresión caprichosa de las jerarquías que monopolizan los poderes y restringían a su entorno los mecanismos de la adquisición de atribuciones, así como el derecho de ejercer sus libertades. El proceso de liberalización de la sociedad fue posible gracias a la solidaridad intelectual de aquel entonces, que postuló sus ideas convenciendo de su conveniencia a la vecindad y haciéndose del poder para construir eficientemente estas reformas. Defendiéndose desde el Estado la igualdad del individuo ante la ley y la procura de su propio bienestar, la economía, la educación y la salud.

Pero a pesar de que la ley defendía efusivamente la libertad de pensamiento de los ciudadanos, muchos liberales no pudieron comprender el alcance intercultural que podía tener este principio (ejemplos históricos son la esclavitud africana en pleno ejercicio del liberalismo norteamericano, el desprecio racista de muchos liberales ibero americanos hacia los indios). El pluralismo puede ser interpretado desde cierta perspectiva como la trascendencia del liberalismo hacia la interculturalidad. El pluralismo implicaría respetar las normas y criterios de los distintos pensamientos socio-culturales, sin afectar los derechos humanos del cuerpo social y en base al consenso de los pensadores. Esto implicaría respetar tanto derechos colectivos como individuales.

En Bolivia el proceso de liberalización social tuvo menos éxito que en otros lugares, no logrando superar la caracterización de un liberalismo aparente y contradictorio. Al parecer son los mismos obstáculos los que la sociedad boliviana atraviesa actualmente respecto a la implementación del pluralismo político en la actual Constitución Política. Desde este punto de vista puede comprenderse cuales son los avances y retrocesos de la sociedad boliviana respecto a este pensamiento.

Si bien desde la década de los 90, a partir de manifestaciones legitimas de grupos sociales que se consideraban a sí mismos diferentes desde el punto de vista étnico a la nacionalidad que postulaba el Estado boliviano bajo el concepto de ciudadanía, la República realizó una reforma constitucional en la cual admitía el carácter multiétnico y pluricultural de sus ciudadanos, aunque esta diversidad no se hallaba reflejada en la articulación del régimen interior del texto constitucional. También en el mismo periodo el Estado aparentemente reconocía agrupaciones ciudadanas formadas en la sociedad civil (denominadas Organizaciones Territoriales de Base) como poderes alternos capaces de fiscalizar la acción pública en un proceso de municipalización denominado “Participación Popular”. Pero fue en realidad la constitución del año 2009 la que generó una polémica teórica con la incorporación de la plurinacionalidad al Estado otorgando el reconocimiento de nivel de Gobierno a los pueblos indígenas bajo sus usos y costumbres así como ciertos principios aparentemente reconocidos por ellos a los valores de la Constitución Política, incluyendo además organizaciones de la sociedad civil como los “Movimientos Sociales” a manera de formas alternativas de cogobierno con el Estado.

Aunque el pensamiento oficial y algunos pensadores cándidos ven a esta Constitución como una estructura política paradigmática a nivel global respecto a los avances del pluralismo político, existen contradicciones evidentes entre lo que se predica y lo que se logra. Evidentemente el pluralismo fue utilizado para encubrir una dominación y distintas formas de abuso sobre los ciudadanos, exacerbando un etnocentrismo y un clasismo atroz, garantizando este proceso con el encubrimiento de organizaciones de clases bajas y pueblos indígenas, manipulados ideológicamente y sobornados económicamente como cuasi grupos paramilitares de choque. Esta tergiversación solo puede poner en peligro la credibilidad del pluralismo.

Al nacionalizar las empresas estratégicas de la economía boliviana, se percibió un aparente manejo útil de las finanzas públicas y un respeto por el sector privado. Pero actualmente estos procesos se han comenzado a evidenciar como una destrucción progresiva y lenta del sector privado espontáneo, copado cada vez más por el sector público a través de expropiaciones o simplemente de extorsiones a los principales productores para alinearse a las estrategias gubernamentales (a veces en contradicción a la eficiencia productiva), con el objeto de no perder lo que queda del beneficio privado. Otra estrategia es la usurpación de negocios rentables por personeros de Gobierno o afines en calidad de privados, como modo de disimular el lento exterminio de lo privado. Esto no apunta a un pluralismo económico; sino a un totalitarismo de características socialistas que fomenta la ineficiencia de las empresas públicas.

Al leer la Constitución y revisar las declaraciones oficialistas se podría pensar que desde el comienzo del Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) se protegió la libertad de expresión en el territorio boliviano. Pero evidentemente aplicando la misma metodología que se usa para copar el sector privado, los medios de comunicación son usurpados de la misma manera, o son amedrentados con intención de impedir que contradigan disposiciones gubernamentales, muy al estilo de las dictaduras clásicas. Y ante cualquier amenaza opositora viable que ponga en peligro el manejo del poder por parte del MAS, existe el uso de la justicia para desestabilizar cualquier discurso contradictorio a la política estatal, reprimiendo con casos judiciales muy forzados y hasta falseados por parte de la estrategia estatal.

Estos ejemplos demuestran que lejos de ejercerse un pluralismo social y antropológico en Bolivia se usa este hermoso concepto para satisfacer intereses perversos y manipulación de las grandes masas empobrecidas y con carencias educativas. Pero lamentablemente las características culturales de la ciudadanía boliviana son las adecuadas para lograr esta tiranía feroz.

Desde la educación en el hogar, se encuentra un desequilibrio que ondula entre cierto autoritarismo en el comportamiento de los padres y un lisonjeo pragmático hacia los hijos descontrolados. Los padres no suelen tener predisposición de comunicarse con los niños, de entender su pensamiento naciente. Los niños suelen ser reprimidos brutalmente sin ser comprendidos o mimados como forma de eludir la difícil labor de introducir conceptos en su mente. Al tener un impulso egoísta y expeditivo de superviviencia (llanto, caprichos, curiosidad, transgresión de normas) y constituirse muchas veces en una incomodidad, a los niños no solo se les enseña que tienen que pensar en no perjudicar a los demás para satisfacer sus propias necesidades; sino que se los suele reprimir sin explicación ni comprensión de sus propias necesidades. Si la voluntad del niño y su capacidad de ejercerla no son dañadas de un modo profundo (introversión producto de una represión infantil), el chiquillo entiende que para conseguir lo que quiere tiene que arrebatarlo con artimañas lisonjeras o autoritarias, justo al modo que lo criaron. Primero vence a sus padres-maestros y posteriormente se lanza en una lucha encarnizada contra la sociedad, atropellando todo aquello que no comprende y ejerciendo la contrariedad que le ejercieron sus padres contra grupos socio-culturales distintos.

La incapacidad empática y la despreocupación por el orden social son el producto de un egoísmo o imposibilidad de distribución por parte de aquellos que tienen (recursos materiales y espirituales) hacia los que no. Ya sean padres de familia, maestros, clases altas, élites intelectuales, partidos políticos.

Se entiende que un grupo pluralista debe esparcir sus ideas entre la gente, tomar el Estado en un marco democrático e implementar el pluralismo en la educación pero también ejercerlo en la vida ciudadana con capacitación y en caso de necesitarse (como último recurso), con castigos racionales. De lo contrario la ola de autoritarismo que rige nuestras sociedades se esparcirá manteniendo a la ciudadanía presa de grupos resentidos, distorsionadores, que venden utopías para satisfacer su ambición jerárquica, (desde la iglesia, cruzando desde la economía de mercado, la democracia de derecha, el fascismo y el socialismo).

De este modo también el pluralismo es usado por la Iglesia Católica para ocultar intereses jerárquicos y “visiones privilegiadas de mundo” que destrozan todo pluralismo. En el Discurso al mundo de la cultura y la clase dirigente en Santa Cruz, Juan Pablo II decía no querer juzgar las especificidades culturales de cada pueblo; sin embargo intenta que éstas se adapten a la doctrina social de la iglesia. De modo que a la inversa, la evangelización debe nutrirse también de los elementos culturales que le sean útiles a sus intereses. En ese sentido interpreta que la historia de Bolivia expresa una clara manifestación de la inspiración cristiana que contribuyó al progreso cultural pluralista del país. Distorsión de lo que realmente ocurrió con muchas culturas actualmente desaparecidas bajo un sincretismo cristiano.

Pero, fieles a los consejos y métodos sugeridos por Juan Pablo II en 1988, la clase dirigente cruceña de la primera década del 2000 también usó el pluralismo para lograr encubrir su propia jerarquía social. Los fundamentos de su movimiento fueron la grotesca estructura centralista del Estado y su diferenciación étnica como justificación de una estructura política autónoma regional.

Evidentemente, aunque en sus artículos 4, 5, 7 y 8 el texto constitucional aprobado por el MAS esclarece de manera teórica el respeto que el Estado Boliviano tiene por la diversidad sociocultural del territorio, autodenominándose “Social Unitario de Derecho Plurinacional con Autonomías”, el Gobierno central aglutina descomunalmente 83 competencias, por ejemplo, España tiene solo 32 competencias exclusivas (Urenda, 2010), entre las cuales se encuentra el manejo de la policía, políticas del sistema de educación y salud, políticas generales de desarrollo productivo, políticas generales de vivienda, áreas protegidas, etc. Reservando para los niveles inferiores de Gobierno solo competencias de infraestructura y protección de patrimonio. Esto no demuestra un espíritu de ejercicio plural para el manejo de la política estatal. Ante tal injusticia cometida contra regiones de las cuales el Gobierno central extrae la mayor parte de sus recursos financieros sin permitir su propia autodeterminación es que en Santa Cruz se propusieron varias propuestas descentralizadoras.

La propuesta de Nación Camba y las posteriores propuestas autonómicas también utilizaron frecuentemente algunos discursos pluralistas, pero sus intereses además de políticos eran también clasistas y etnocentristas. Trataban de forzar una inclusión de migrantes andinos nacidos en tierras bajas, clases bajas cruceñas y pueblos indígenas dentro el concepto “camba” con el objeto de obtener apoyo masivo a su proyecto político cuya ejecución garantizaría sus intereses de clase e identidad cultural (“Nación Camba: Sin Caudillos ni capuchas”, 2001). Pero de manera más franca, el libro Las Raíces de la Autonomía Cruceña de Daniel Dory (2009) plantea la visión social que este grupo maquillaba como pluralista. Dory deliberadamente homogeniza lo cruceño asimilado a lo hispanista, disolviendo los rasgos indios en los criollos, subordinando los intereses de clases desfavorecidas a los de las privilegiadas y sobre todo identificando lo cruceño con lo autonómico, a pesar de existir una diversidad de ideologías posibles en el interior de este conglomerado.

3. ¿Es viable el pluralismo político en Bolivia?

Aparentemente el sistema político boliviano a través de la historia ha divagado por extremos radicales que por un lado trataron de establecer políticas sociales desde el Estado pero restringiendo algunas libertades ciudadanas; o por el contrario dejando a la sociedad civil desregulada en contexto de fuertes asimetrías sociales. Esto revela por un lado una fuerte carga despótica en aquellos que logran ejercer el poder político y económico; y por otro lado, cierta incapacidad de ejercicio ciudadano informado, de auto-regulacion social, que sustentaría un pluralismo, como freno a los intereses políticos abusivos y a la anarquía social.

Jean-Paul Feldis en su curso de sistemas políticos cruceños realizará una clasificación de los modelos de sociedad existentes actualmente en Bolivia dividiendo las tendencias en dos grupos: Aquellos que buscan mantener las estructuras y el rol de Bolivia como país capitalista dependiente y aquellos que buscan operar un proceso revolucionario socialista.

Tanto el actual Movimiento al Socialismo como los partidos de oposición de derecha defenderían la primera tendencia, ya sea achicando el Estado divorciado de necesidades sociales o inmiscuyéndolo de manera arbitraria y contraproducente en las mínimas actividades de la sociedad civil. No existe una visión progresista de la sociedad que en base a alianzas ciudadanas produzca un auténtico pacto social de cooperación pluralista para crear un universo económico coherente de posicionamiento estratégico de cara a la economía globalizada. El Estado Boliviano jamás habría ensayado una auténtica economía social de mercado, como una forma de auto-regulación civil de intereses grupales e individuales alcanzando mejoras del nivel de vida, sin demasiado intervencionismo estatal, aunque con la protección de la igualdad, libertad ante la ley y la garantía de ciertos servicios sociales.

Ante semejante panorama desolador, el pluralismo tiene viabilidad. La lucha histórica por la libertad del hombre es admirable. Siempre hubo individuos capaces de organizar una resistencia sagaz a la mejor opresión estructurada con comodidad sobre pueblos despojados de materia y espíritu. La sociedad civil actualmente está organizada en colectividades que todavía no logran ser desmanteladas por la maquinaria oficialista, ya sea en sindicatos, ya sea en grupos empresariales, religiosos, vecinales, fraternales, de economía informal, posesión de territorios étnicos, etc.; solo se deben formalizar las relaciones intersectoriales y extraestatales a partir de una autentica búsqueda de visión compartida de desarrollo local. Pero eso sí, allí sí que deberá existir pluralismo. Para ello se necesitan dos cosas. Voluntad política y un cambio radical de mentalidad. En realidad ambos procesos van juntos. Al comenzar a difuminar una idea oportuna se adquiere poder y mientras se consensua una visión de futuro se operacionaliza la forma de alcanzarla. La política boliviana de los próximos años debe encaminarse a un auténtico proceso de pluralismo social como forma de legitimar un pluralismo político autentico ante el inevitable desgaste y conflicto que produce el manejo tiránico irónicamente antipluralista del actual sistema político manejado por oficialistas y opositores. Quizá Santa Cruz es el universo propicio para intentar este ejercicio, planteándose la necesidad de presentar una visión política alternativa a la brutalidad impuesta por afuera y por dentro.

4. Bibliografía.

Aguilera Portales, Rafael (2002). “El problema del etnocentrismo en el debate antropológico entre Clifford Geertz, Richard Rorty y Lévi-Strauss”. En Gazeta de Antropología. Recuperado en 2014 de http://hdl.handle.net/10481/7399

Amilburu Maria G (2009). “Cultura” En Philosophica: Enciclopedia filosófica on line. Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Roma. Recuperado en 2014 de http://www.philosophica.info/index.html Ardevol, Elisenda (2001). Orden y sentido: Los fundamentos culturales del derecho en la antropología interpretativa de Clifford Geertz. Madrid. Recuperado en 2014 de http://cv.uoc.edu/~grc0_000199_web/pagina_persona/eardevol_online_pub_cat.htm

Arnold Denise (2006). “Metodologías en las ciencias sociales en la Bolivia postcolonial: Reflexiones sobre el análisis de los datos en su contexto”. En Pautas metodológicas para investigaciones cualitativas y cuantitativas en ciencias sociales y humanas. Cuarta edición. La Paz: PIEB.

Discurso de Juan Pablo II al mundo de la cultura y la clase dirigente de Bolivia (1988).

Dory, Daniel (2009) “Las Raíces Históricas de la Autonomía Cruceña: Una Interpretación Política”: En: Construyendo Autonomía N° 13. Santa Cruz de la Sierra: Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz.

Feldis, Jean-Paul (2011) Sociología jurídica: En época de caos. Segunda edición reformulada. Santa Cruz de la Sierra.

“Nación Camba: Sin Caudillos ni capuchas” (8 de febrero de 2001) En El Deber. Santa Cruz de la Sierra. p.A8

Urenda, Juan Carlos (2010). Hacia la reconducción del proceso autonómico: Proyecto de reforma constitucional del régimen de distribución de competencias. Recuperado en 2014 de http://eju.tv/2010/07/proyecto-de-reforma-constitucional-elaborado-por-juan-carlos-urenda/

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por Juan P. Paredes

Si no viste la película Get out! (2017) de Jordan Peele, no deberías leer este artículo; si la viste, tal vez te estés preguntando qué porra fue todo eso, ¿en serio se llevó el Oscar a mejor guion original?, pues sí, y aquí me propongo comprender por qué.

La idílica pareja intercultural (hombre afrodescendiente, mujer caucásica), símbolo de una ciudadanía plural, libre de prejuicios ilógicos, se propone conquistar la sensibilidad del espectador al inicio del filme, hasta que un viaje del novio a la casa de sus futuros suegros nos va demostrando que nada es lo que parece; de hecho, es lo peor, como en toda película de terror.

Un ciervo atropellado accidentalmente con un auto sirve como premonición para el incauto protagonista: el agresor se convertirá en víctima. La empalagosa amabilidad de la familia de su novia, aparentemente empática con la causa afroamericana, va lentamente degradando hasta el descubrimiento de que todos sus miembros (así como su novia) son una ingeniosa y cruel reformulación de la rapacidad supremacista del abuelo, un neurocirujano pro-nazi que descubrió como permanecer vivo a través del traspaso de su mente a otro cuerpo, (sí, esa es la parte fantástica). Sorprende la revelación de que el falso amor de la novia fue simplemente parte de un perverso reclutamiento para que el protagonista se convierta en el recipiente del cerebro de un allegado a la familia, al igual que el jardinero y la encargada del servicio (afrodescendientes), lo son del abuelo y la abuela.

Esta disparatada historia que parece inventada por un individuo con paranoia derivada de haber sentido fuertes agresiones culturales; o por el contrario una mofa muy ácida creada en la comunidad afrodescendiente también para afrontar el ambiente de hostilidad racista que existe en Estados Unidos, puede ser vista, justamente, desde estos dos ángulos ejemplificados: entre el miedo y la sátira.

El trasfondo inmediato es evidente. Desde la abolición de la esclavitud, atravesando la lucha por los derechos civiles, hasta la elección del primer presidente afroamericano, parecía percibirse la culminación de un duro y largo proceso de integración ciudadana por encima de los prejuicios racistas. Los dos periodos presidenciales de Barack Obama hicieron creer a algunos incautos afrodescendientes que el entendimiento plural no daba marcha atrás. Pues bien, al igual que la figura de la película de Peele, todos aquellos que empezaron a sentirse cómodos con la “hospitalidad blanca” se llevaron una cruenta sorpresa: las cosas eran mucho peor de lo que se pensaban.

Los trastornados antagonistas jamás en toda la película pronuncian alguna ofensa racista explícita, incluso en el clímax de la violencia; la sutileza del lenguaje es tan extraordinaria que, a pesar de generar un ambiente de tensión con sugerentes ambigüedades, jamás encienden la alerta que haría que nuestro enamorado galán se ponga a resguardo. De estos desquiciados se deduce un racismo distinto al que estamos acostumbrados, donde se busca de manera inmediata y notoria destruir al otro por su forma de ser, sus rasgos físicos y culturales; en este caso, los blancos se adaptan a una situación en la que este otro ya se ganó su espacio y en realidad se sienten entre ofuscados e intimidados por su carisma (espiritual y físico), por tanto, desean destruir esa mente y apropiarse de su cuerpo.

En la Norteamérica de hoy, donde gracias a la extensa comunidad de migrantes de todas partes del mundo, ser racista hasta hace poco se estaba convirtiendo en tabú, el subconsciente de los herederos de este sentimiento mimetizó una nueva forma de agresión, que consiste en no atacar manifiestamente la naturaleza del otro; sino, crear barreras no tan sutiles para aceptarlo solo cuando éste se aculture a su imagen y semejanza. De esta manera se evita que la aculturación inversa sea más fuerte y se recibe del otro solo lo conveniente. Véase el caso de los descendientes irlandeses, entre otros parias del pasado, ahora asimilados como americanos blancos.

La segunda manera de ver este filme, el de la sátira, está estrechamente relacionada con la profesión del escritor y director del largometraje, quien no tan irónicamente, es comediante.

El amigo del protagonista, el necesario bufón desbocado, amante de las teorías de conspiración absurdas y con graciosos delirios de grandeza, es el inesperado héroe de la trama. No solo porque sus advertencias disparatadas al protagonista sobre los riesgos de visitar a sus futuros suegros blancos resultan ser la hipótesis que más logra acercarse a la realidad posterior; sino porque realmente él es el que da el paso decisivo, ante la incredulidad de las autoridades, para sacar a su amigo de ese infierno sangriento en el que estaba metido, con un gracioso reclamo final en el que le recuerda que se lo advirtió.

Así es, la realidad es tan o más absurda que la ficción. Hasta hace unos años, estos exagerados individuos eran ridiculizados o criticados en los medios de comunicación, precisamente porque entorpecían el proceso de pacificación entre culturas. Pues, la ironía del asunto demostró que sus comentarios escépticos respecto a la integración no estaban para nada descabellados, o sino, observemos lo que constituye la presidencia de Donald Trump respecto al pluralismo como forma de manejar el poder.

La risa es un acto social que puede usarse como medio de inclusión o exclusión. En el primer caso, la risa brota del sentimiento de invulnerabilidad. Cuando uno se encuentra atribulado, no puede abandonar la sensatez, pero al sentirse protegido e identificado con otros, puede permitirse el surgimiento del jolgorio, que es la consolidación de la inserción en el grupo. De modo opuesto, y como siguiente paso al blindaje social del que brota la diversión, la risa puede convertirse en una forma de agresión, que, al estar envuelta en regocijo, encubre bien su verdadero propósito, que es producirle a alguien todo lo opuesto a diversión: aquel que no encaja en mi visión ni la de mi grupo.

Esto se resume en la frase: ¿Se ríen con él o de él? Bien, antes nos reíamos de él, pero ahora, con él.

Apuntes para la historiografía de Andrés Ibáñez © Juan Pablo Paredes Daza, 2018. Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International Public License. El fondo de la imagen es de FreeCreativeStuff, 2017. Pixabay License.

por Juan P. Paredes

Andrés Ibáñez fue hijo del doctor Francisco Bartolomé Ibáñez, acaudalado habitante de Santa Cruz de la Sierra que dirigió la Prefectura cinco veces. Su madre fue Carmen Santibáñez Gil, posiblemente una religiosa que vivía en Cochabamba, ciudad en la que nació Andrés, según se extracta de su acta de matrimonio con Julia Serrano. Hay versiones, sin respaldo documental declarado, de que otras mujeres pudieron ser las madres de Andrés y que nació en Pailas.

Se infiere de la misma fuente que estudió en Sucre su educación colegial y prosiguió sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad San Francisco Xavier de esa ciudad, graduándose en 1868 o 1869. Antes de esto, en 1862 y a muy temprana edad, contrajo matrimonio con Julia Serrano, nieta del doctor Mariano Serrano, primer Presidente del Congreso Inaugural de Bolivia. Posteriormente aparece casado con la cruceña Angélica Roca en Santa Cruz de la Sierra. Se le conoce una hija legítima llamada Leocadia Ibáñez, que según Pérez Velasco (1972), fue de su primer matrimonio. Es probable que haya tenido hijos naturales con otras mujeres.

Al parecer, en 1868 fue elegido munícipe en Santa Cruz de la Sierra, aunque la información es endeble. Probablemente en 1872 fue nombrado diputado nacional por esta capital, siendo nuevamente electo en 1874 ante la derrota de su homólogo el doctor Antonio Vaca Diez (político y exitoso empresario ligado a la exportación de la goma elástica). Esta es la época en la que se formó el Partido Igualitario, ante un altercado discursivo entre los dos candidatos, en el que Ibáñez sacó ventaja quitándose la levita y los botines acharolados para ponerse la chaqueta de trabajador y caminar descalzo, a manera de identificarse con las masas artesanas al grito de ¡Todos somos iguales!, granjeándose la adhesión de gran cantidad de gente.

Terminada su gestión legislativa, en Santa Cruz presentó abierta sedición al gobierno del doctor Tomás Frías (de tendencia liberal) y su prefecto, don Ángel Maria Aguirre, secundando las revueltas de los partidarios del opositor doctor Casimiro Corral, que en marzo de 1875 se realizaron en Cochabamba contra el Gobierno Nacional. Probablemente, el 26 de marzo Ibáñez plantó su ejército en las Pampas del Trompillo (ahora aeropuerto) donde fue batido por las tropas gubernamentales a cargo del coronel Marcelino Gutiérrez. De la misma manera, una segunda rebelión del caudillo fue combatida en un lugar denominado “Pozo de los Pororós”, cerca al Guapay, esta vez por las tropas del coronel Ignacio Romero, posiblemente el 6 de noviembre del mismo año.

Después de estar un tiempo en la clandestinidad, Ibáñez salió nuevamente a la luz pública ante la convocatoria a elecciones generales con declaración de amnistía para los exiliados políticos. Decidió hacer campaña por el binomio Hilarión Daza – Jorge Oblitas en contra de los contrincantes J.M. Santibáñez y Belisario Salinas. El motivo de este acercamiento fue probablemente la amistad que Ibáñez tuvo con Oblitas mientras realizaba sus estudios en Sucre; también existen versiones, no suficientemente corroboradas, de que no solo conocía también a Daza, sino que era “amigo” del militar (Ibíd. y Otazo, 1917). En todo caso, esta conexión es curiosa puesto que Daza se destacó por ser un militar desleal, sin visión de gobierno definida, con claro desprecio por el sistema democrático e incapacidad de gestión. Probablemente la afinidad estuvo determinada simplemente por el pragmatismo.

El 4 de mayo de 1876, Daza da un golpe de Estado antes de la verificación de los comicios, toma violenta del poder a la que Ibáñez llamará posteriormente “la revolución de mayo”. En Santa Cruz no se tuvo noticia de este hecho hasta bastante después, por lo que se realizaron las elecciones con relativa normalidad, las cuales arrojaron el resultado de triunfo del general Daza con amplio margen, situación obtenida presumiblemente por el arrastre popular que poseían los igualitarios.

Sorprendentemente, Daza nombra como prefecto de Santa Cruz a un opositor de los igualitarios, el doctor Demetrio Roca. Como revela un documento igualitario del momento, éstos nunca admitieron este hecho; sino que creían que el coronel Romero, en su calidad de comandante general del departamento, nombró a Roca prefecto “por si y ante si” (Los Cruceños, 1876). Igual, el propio Ibáñez confirma esta posición en carta al mismo Roca (Ibáñez, 3 de noviembre de 1876). ¿Esperaba Ibáñez tal cargo por su colaboración en la campaña electoral del general?, ¿deslealtad de Daza hacia los igualitarios?, ¿revelación de algún de tipo de desconfianza frente a su caudillo y éstos?

Ante esa nueva autoridad los igualitarios plantearon una rotunda oposición, con reuniones incendiarias y numerosas, engrosadas por sus vastos simpatizantes. Sostenían que Roca y Romero conspiraban contra ellos, desprestigiando al partido popular frente al Gobierno. A estas alturas, posiblemente Daza, inficionado por Roca, tenía gran desconfianza hacia el caudillo y sus igualitarios que engrosaban sus filas en contra de la autoridad por él asignada, así que se decidió a apresarlo probablemente el 22 o 29 de agosto, con planes de llevarlo a ser juzgado hasta la ciudad de La Paz.

El 1º de octubre, la impaga guarnición de soldados que tenían que escoltar al caudillo en el inmenso y complicado trayecto hacia la ciudad andina (presumiblemente sin la asignación de los pertrechos mínimamente necesarios para lograr tarea semejante), se amotinó, tal vez incentivada por una oferta de soborno hecha por los familiares de Ibáñez. Al enterarse, el coronel Romero fue a poner orden, arma en mano y al no retroceder en su ofensiva fue baleado por los soldados hasta la muerte. Según se dice, la paga de los haberes debidos a la guarnición fue otorgada personalmente por la misma Angélica Roca, esposa del caudillo (Pérez Velasco, op.cit).

Al día siguiente, Ibáñez ya liberado fue proclamado prefecto del departamento, por un número considerable de ciudadanos, ante la ausencia de las autoridades constituidas que huyeron rápidamente fuera de la ciudad después de la noticia de la rebelión de los militares. En su discurso de posesión, Ibáñez exclamó su apego y admiración al “programa de la revolución de mayo”, perteneciente al gobierno de Daza.

El gobierno de Daza no tomó las medidas de represión que ameritaba el caso dado; sino que envió al general Juan José Pérez como prefecto y al coronel José María Lara como comandante general, debido posiblemente a que prefirieron agotar primero las opciones de persuasión ante su otrora aliado, Andrés Ibáñez, que ahora se hallaba fuertemente respaldado por amplios sectores (sobretodo del gentilicio popular de Santa Cruz de la Sierra), cuya represión en tales circunstancias habría tenido consecuencias lamentables.

Al parecer, Ibáñez entregó la Prefectura, pero no la Comandancia General, so pretexto de ir licenciando a la tropa adicta a él, de a poco. Mientras amagaba en el puesto, tramó un apresamiento con sus oficiales Benjamín Urgel, Facundo Suárez y N. Montenegro realizado a él mismo y a los doctores Urbano Franco y Simón Álvarez, que eran individuos de status respetable en la ciudad, proclamando la Federación, e instando éstos a los apresados a ser parte de la junta triunvirato que conforma la máxima autoridad de la misma. Obtuvo el apoyo popular necesario; pero esa argucia política luego le costaría a Ibáñez la vida. Esto sucedió el 25 de diciembre de 1876.

“Mi nombramiento de Prefecto i Comandante General, emana de la verdadera soberanía del pueblo, ejercitada en el abandono de sus autoridades (…) Por lo demás esté U. persuadido de que al dar parte al Supremo Gobierno del hecho del 1º anterior y de mi nombramiento de Prefecto i Comandante General, le he expresado mi irrevocable voluntad de volver a la vida privada. Así se lo manifiesto a U. también, i le reitero mi llamamiento, para que reasuma la prefectura i le entregue el mando militar, a pesar de que debiéramos aguardar esa resolución”. (Ibáñez, 3 de noviembre de 1876).

El poco tiempo que Ibáñez estuvo al mando de la Prefectura sorprendió a muchos con la radicalidad de sus actos de gestión. No solo declaró a Santa Cruz como una federación en un país cuya constitución política establecía al Estado la forma unitaria de gobierno; sino que se propuso (sin revelar de forma manifiesta su visión a largo plazo), lograr una redistribución de la riqueza, inicialmente a través de polémicas recaudaciones forzosas a la gente más adinerada de la jurisdicción.

Abandonada por el doctor Urbano Franco, la Junta Federal trató de propagar la Federación en otros centros poblacionales del país sin ningún éxito, más que en Chiquitos. Al ir a reprimir el aglutinamiento de tropas reaccionarias a la Federación en Samaipata, al mando del sub-prefecto de Vallegrande Napoleón Gómez, Ibáñez deja a cargo de la Prefectura al doctor Simón Álvarez y la Comandancia General al paraguayo Manuel María Fabio, declarando éste último, ley marcial en el departamento, excediéndose a partir de ésta en autoritarismo y cuantiosas exacciones a los ciudadanos acaudalados de la ciudad. Al parecer estas fueron instrucciones de Ibáñez a efecto de aprovisionar con algo las casi vacías arcas públicas ante tiempos previstos como hostiles.

El gobierno de Daza envió al mismo ministro de guerra, general Carlos de Villegas al mando del escuadrón “Chacoma” y del regimiento “Bolívar” para sofocar la “Federación y sus cómplices”. Enterado de esto Ibáñez emprende retirada desde Samaipata a Santa Cruz de la Sierra donde se aprovisiona de pertrechos para proseguir su huida hacia el oriente, alcanzando Chiquitos. El régimen de violencia y autoritarismo de los igualitarios, sobre todo a cargo del paraguayo Fabio, provocaron la adhesión de varios sectores de Santa Cruz a las tropas “pacificadoras” de Villegas. Ibáñez sufrió paulatinas deserciones y conflictos con su misma tropa a medida que se acercaba a la frontera con Brasil, donde fue alcanzado y atrapado por el Ejército Nacional, a cargo de Villegas, quienes lo fusilaron junto varios correligionarios el 1º de mayo de 1877 en una localidad llamada San Diego, cerca ya al Brasil.

Para analizar las tendencias que produjeron las investigaciones históricas sobre Andrés Ibáñez hay que plantear dos niveles de observación: 1) El del profesionalismo de los autores para trabajar en la búsqueda, contraste, análisis y declaración de fuentes primarias sobre la temática mencionada y 2), la manera en que abordan los sucesos que estudian.

En cuanto a los que realizaron un trabajo de investigación histórica según las exigencias metodológicas que esta disciplina entiende mínimamente en términos de validación científica, podría sostenerse que no hay ninguno que en el riguroso sentido logre una obra de esa magnitud. Los que más se acercan a ese ideal son Hernando Sanabria (1977) y Salvador Romero Pittari (1984), que lamentablemente solo presentan estudios exploratorios sobre el tema. El trabajo de Sanabria, aunque plantea una semblanza de Ibáñez realizada con predisposición crítica, al igual que comentarios acerca de cada una de sus fuentes primarias presentadas, se queda allí, en la exposición de las fuentes, al parecer esperando el abordaje de un futuro historiador (tarea de la que Sanabria se alejó, probablemente por hallarlo conflictivo para sus expectativas investigativas). El trabajo de Romero constituye un artículo, que aunque tiene aciertos analíticos en el área social, todavía es insuficiente en el análisis minucioso de los datos históricos contradictorios que presentan las fuentes estudiadas.

Los libros de Durán – Pinckert (2007), Pérez Velasco (1972) y Rivero y Egüez (s.a.) son intentos de realizar una investigación extensa del caudillo; pero que flaquean, no en la falta de fuentes, pues queda claro que hicieron trabajo de búsqueda, análisis y contraste de éstas; sino más bien en la indicación adecuada de las mismas, ya que hay muchos casos en que las citan (por ejemplo, los periódicos “El Eventual”, “El Comenta”, “El Trabajo” o el manuscrito “Lara”, la fuente Otazo, etc.); pero no mencionan sus datos de identificación necesarios, ni el lugar donde las obtuvieron y en muchos casos ni siquiera las citan y las abordan de forma especulativa como se verá posteriormente.

En este sentido, las obras de Orestes Harnés (1957) y Mariano Zambrana (1925), que se infiere que utilizaron fuentes primarias, no citan ni una sola, dejando su obra como un relato desnudo a modo de narración y esto es una pena, porque presentan algunos datos que otros autores al parecer no poseen o corroboran, acerca de la información biográfica del caudillo.

Para el segundo nivel se clasifica a los autores en cuatro grupos de límites no rigurosos. La primera tendencia es la de un apego ideológico acrítico a lo que se considera la vertiente del igualitarismo – federalismo y las hazañas de su creador. Entendemos crítico en el sentido de indagación de los acontecimientos en base a la contrastación de los datos obtenidos con predisposición de hallar la verdad, incluso si ésta contradice las valoraciones personales previas. Esta categoría es la que más autores aglutina y sus planteamientos pueden ser definidos básicamente como exaltaciones basadas en preconcepciones del tema. Aquí encontramos los trabajos de Orestes Harnés y de Pérez Velasco en las posiciones más extremas de admiración y justificación y en un sentido mas subrepticio a Duran – Pinckert y Reymi Ferreira (2006), como se ve posteriormente en las caracterizaciones singulares de las obras.

Tenemos a Mariano Zambrana, cuya argumentación puede ser caracterizada por un desapego ideológico acrítico, pues la pequeña mención que hace de Ibáñez en su obra, solo constituye la identificación de un individuo ambicioso de poder y astuto encantador de masas, predispuesto a usar cualquier medio a cargo de sus intereses; tipificación que puede responder más a la relación filial del autor con su abuelo, el doctor Angel Mariano Zambrana, (enemigo contemporáneo de Ibáñez), que a un análisis crítico de los datos. Tal mirada ingenua y unilateral al revisar mejor los acontecimientos pudo encontrar, que si bien, sus percepciones pueden tener cierto asidero, las relaciones sociales de la época sustentaron a un movimiento como el de Ibáñez con legitimidad, debido a que sus condiciones de existencia y expectativas así lo manifestaban como necesario y que Ibáñez era un producto de su tiempo, un político que incorporó lo que le daba viabilidad a sus intereses.

Para la tercera tendencia planteamos el apego ideológico crítico al caudillo. Salvador Romero Pittari es el único autor (como se verá mejor posteriormente), que logra situar los acontecimientos que tuvieron como protagonistas al Club de la Igualdad, en un marco de legitimación social a partir del análisis del ambiente económico y cultural de la época, aunque todavía en una esfera bastante endeble de respaldo documental corroborado que necesita ser mejor trabajado. En relación a esto último y tomando en cuenta que no profundizó con rigurosidad algunos acontecimientos narrados de importancia, no es un autor que se sitúe precisamente en pleno de ésta categoría mencionada.

Entre aquellos que presentan un desapego ideológico crítico a los acontecimientos que inmiscuyen al Partido Igualitario tenemos a Hernando Sanabria que exhibe a Ibáñez sin comulgar con sus acciones, extraídas de las fuentes (incluso parece cuestionar la imagen popular romántica que presenta el caudillo ahora) y más bien plantea los abismos de la temática que necesitan ser trabajados, entre ellos el aspecto ideológico del partido, como se verá posteriormente. Victorino Rivero y Egüez se adecua mejor a esta posición ya que después de lograr una construcción de los acontecimientos políticos que transcurren por aquella época decimonónica, plantea a Andrés Ibáñez en ultima instancia como una amenaza para la tranquilidad de Santa Cruz, amenaza desbordada que no se encuadra en principios sociales reivindicativos explícitos que justifiquen los excesos cometidos por sus correligionarios y él mismo.

Las temáticas trabajadas en torno a Andrés Ibáñez en forma casi transversal por los autores mencionados nos revelan dos ámbitos de dispersión: El de los hechos y fechas y el uso que le otorgan los autores según aprueben o desaprueben los actos del caudillo. Tenemos así un alto grado de contradicciones de referencias en cuanto a la genealogía, formación, personalidad, inclinaciones políticas y datos de su vida en general, información que puede mostrarnos a Ibáñez naciendo en Pailas o hasta en Cochabamba y con características personales bandoleras y tiranas o como el más grande estadista que tuvo Bolivia.

Se encuentran los episodios que rodean el nombramiento de Andrés Ibáñez como prefecto y la formación de la Junta Federal, polarizados entre los que presentan los acontecimientos como una concatenación de circunstancias sociales que obligan a un bienintencionado caudillo a proceder de esa manera, perdiendo paulatinamente el control de la situación de una forma trágica y los que presentan a Ibáñez como armando argucias políticas para que los hechos produzcan el mejor resultado a sus intereses de poder. Existen también posiciones intermedias que no están eficazmente trabajadas.

Las relaciones de Ibáñez y el Partido Igualitario con el gobierno de Hilarión Daza son tema de debate entre los que sostienen que la amistad entre Ibáñez y Daza fue truncada por las “conspiraciones” de desprestigio del caudillo por parte de la “oligarquia cruceña”; los que sostienen que Ibáñez fue necesariamente reprimido con justicia ante el desborde de sus actos cometidos por su ambición de poder y por último; los que creen que Ibáñez perdió el juego político al apostar demasiado a su respaldo social y oponerse tanto a los grupos de poder local y nacional, lo que le valió la oposición del cruel Daza en combinación con los locales desde situaciones tempranas.

Los actos del Gobierno Federal hallan relativo acuerdo en cuanto a sucesión de hechos, lo que polariza es la interpretación de ellos en base a ideologías de reivindicación social y acusaciones de autoritarismo y pillaje. Situación similar presenta el tema de la represión de la Federación y la muerte de Ibáñez.

Por otro lado, como se anunciaba, un gran abismo en la bibliografía que trata el tema de Andrés Ibáñez es la falta de una argumentación coherente y certera en fuentes primarias para desentrañar los torrentes ideológicos a partir de los cuales se nutrió el Partido Igualitario. En torno a esto hay demasiada especulación y poca validación en base a datos.

Nada en la documentación producida por el movimiento igualitario puede darnos la certeza de que este partido haya recibido influencias teóricas tan rebuscadas. Lo que se presenta evidente en la proclama de la Junta Superior del Oriente del Departamento del 27 de diciembre de 1876, son los principios del humanismo jurídico planteados en la Revolución Francesa que están inscritos en la parte superior (en una banda sostenida por el pico de un ave), como a lo largo del texto y la petición de adhesión al pueblo a la “revolución” gestada por ésta (lo que tal vez se acercaría a las hipótesis de Reymi Ferreira).

Tabla Las personas contrarias a Ibáñez en su época solían darle el mote de “comunista” y de atentador de la propiedad privada. En los discursos de Ibáñez al parecer solo hay dos alusiones a la “igualdad de propiedad” y son tan cortas y vagas que permiten dudar acerca de una adhesión socialista militante del movimiento.

“La igualdad con la propiedad, es el desideratum de los pueblos. Esforcémonos por aproximarnos a él y nos presentaremos como dignos de la nación.” (Ibáñez, 3 de octubre de 1876).

Quizás una de las informaciones más esclarecedoras es la que presenta el manuscrito Lara, el cual explicaría porqué concretamente se lo tildó de comunista y en qué se basaba su plan de acción para conseguir “la igualdad” (Duran y Pinkert, op.cit, p. 35). Al parecer los igualitarios no profesaban cambios en la estructura económica que se asemejen a un comunismo de enfoque marxista; sino mas bien se proponía una novedosa meritocracia de los puestos de los poderes públicos y el empleo del Estado para lograr una mejor distribución de oportunidades de obtención de los medios de producción y de poder (algo tal vez más cercano a las ideas de los denominados socialistas “utópicos”). De todos modos esto no se sabe con precisión. Tal era la ambigüedad de su ideología que se hizo necesario que contemporáneos intelectuales a estos sucesos la interpretaran de distintas formas y las clases pudientes no requirieron claridad para ponerse susceptibles y ver en riesgo sus posesiones económicas, no sin razón, como más tarde ocurrió con las autoritarias exacciones del Gobierno Federal.

“La peripatética doctrina con que instruía [Ibáñez] a los suyos arengándolos que a la hora que consiga las riendas del poder, sin duda volvería a regir el precio de cinco pesos por vaca parida; por consiguiente, los pobres quedarían al nivel de los ricos, quienes en su mayor parte cautelosamente se han acomodado por el sudor de tantos infelices. Tal fue el rumor que corrió que a no dudar temblaron acaudalados, por cuya incógnita y apócrifa medida la generalidad creyó que el sistema igualitario no era sino igualar, sacando la mitad de los bienes a los doscientos pudientes que nada más había, para darles a los numerosísimos pobres, de tal manera que la parte de los grandes hombres resolvieron a todo trance se disuelva el Partido Igualitario y particularmente su jefe. Tratando de defender la posición de Ibáñez, los doctores Álvarez y Duran Canelas interpretaron diciendo que el significado del sistema igualitario no era sino dar su merecido galardón a quienes se distinguieran, unos en literatura, otros, en la lucha y otros en los combates , de cuyos (…) por su esclarecido valor y talento administrarían los altos puestos y con esta justa organización sin duda igualarían a los poderosos, caracterizados y pudientes”. (Lara citado en Ibíd.)

Finalmente, la acción dirigida por el Club de la Igualdad, que consiguió la consolidación de Ibáñez en el poder departamental y la proclamación de la Federación que terminó con la represión de sus conformantes y asesinato de sus lideres, podría ser considerada como la de un movimiento social, siempre y cuando quede establecida la necesaria dilucidación de sus verdaderos principios de reivindicación, cuán fiel se fue a ellos o si realmente se los tuvo en estos términos. Es posible que haya sido un movimiento social porque al parecer, se trazaba una identidad establecida en los sectores de bajo estamento y status social, se oponía a los grupos dominantes de poder económico y político. Lo que faltaría establecer con precisión es cuál era el modelo de sociedad reivindicada que se postulaba, ¿qué tipo de modificación de las relaciones de distribución y de poder se proponía?

Entre la bibliografía que trabaja el tema de Andrés Ibáñez tenemos inicialmente a Mariano Zambrana, nieto del doctor Ángel Mariano Zambrana, enemigo de Ibáñez que prestó sus servicios como auditor al consejo de guerra nombrado por el general Carlos de Villegas en su acometida bélica en contra de los “responsables de la Federación”. Hace una pequeña referencia en su más amplia obra a los hechos mediante los cuales Ibáñez es nombrado prefecto y se instaura la Federación. En simple estilo narrativo, nombra los sucesos armados del Trompillo y los Pororós hasta la formación de la Junta Federal y la represión del caudillo. Describe a Ibáñez como un audaz y populachero abogado convertido en tirano cuando se hizo del poder con sus mecanismos de ambición desmedida en desmedro “de su mismo país y de la unidad y confraternidad bolivianas”. Su represión se halla justificada en nombre del orden. No tiene declaración alguna de sus fuentes. Al parecer ésta es la primera obra de investigación histórica que con este cometido trata el tema de Ibáñez.

La ponencia del doctor Orestes Harnés llevada a cabo a objeto de su incorporación como miembro de la Sociedad de Investigaciones Históricas y Geográficas de Santa Cruz, es llevada a cabo en 1957. Tiene el mérito de ser la primera publicación que trabajó exclusivamente el tema de Andrés Ibáñez en el marco de la investigación histórica. Consiste en una simple descripción resumida (tomando en cuenta que es un discurso preparado para leerlo frente a un auditorio), de los hechos que definen la vida pública del caudillo. Los únicos datos singulares presentados (no corroborados por otros autores), son la afirmación de que Ibáñez fue hijo de Maria del Carmen Justiniano y que nació en el Rincón de Pailas, además de que Ibáñez egresó del Colegio de Ciencias y Artes de Santa Cruz de la Sierra, en el año de 1863. Posteriormente admite el matrimonio de Ibáñez con Serrano, entrando en un terreno de posible contradicción al tener que aceptar todos los datos del acta de dicho casamiento. No cita ninguna fuente a lo largo del trabajo ya impreso que pudiera afirmar la veracidad de lo sostenido. En si, la obra es una alabanza romántica de Andrés, en la que cualquier acto de éste es susceptible de admiración.

La obra atribuida a Daniel Pérez Velasco, compone un acopio desordenado de percepciones políticas e históricas críticas de la constitución de Bolivia como Estado, su sistema de gobierno y las imperfecciones de su democracia, a modo de ambientar el surgimiento del Club de la Igualdad y la vida de su principal líder. Para desarrollar este ultimo aspecto introduce una mezcla de anécdotas, las más sin especificación de fuentes (Reymi Ferreira le hace la acusación de haber basado gran parte de su libro en la sección de Ibáñez en el “Manuscrito Lara”, sin siquiera citarlo) y falta de crítica a las versiones surgidas de la tradición oral, con todas las posibles distorsiones de que fueron producto. Podría inferirse que realizó entrevistas (probablemente entrevistó o conoció a Leocadia Ibáñez, hija del caudillo, o a algún pariente o conocido de ésta), pero jamás manifiesta de forma clara esta situación. El autor delata una posición personal marxista sostenida militantemente. En una parte de su obra narra que él, junto a Virginia Banegas de Herrera, asesoraron a Adolfo Román hijo (a quien se le atribuye la capacitación, organización y promoción de los primeros sindicatos obreros en Santa Cruz de la Sierra en la década de los 30 del siglo XX) a iniciar su campaña en la generación de un “movimiento proselitista revolucionario”. La lucha personal del autor del libro, imbuida en una confrontación contra las clases dominantes cruceñas de su época, lo lleva a ser fuertemente crítico contra los mecanismos de dominación que éstas usaban con las clases dependientes económicamente, así como sus tácticas de lucha por sus intereses de clase y status. En este sentido, su interpretación de la historia cruceña lo lleva a definir a la “oligarquía cruceña” en términos diacrónicos, de existencia histórica lineal a través del tiempo, que supuestamente se inicia en la época de expansión de los jesuitas. Elabora una tesis del papel conspirativo que ésta construyó en contra de todas las manifestaciones de los “espíritus rebeldes” y “generosos” que intentaron modificar las relaciones de poder en la región. Así, en su obra utiliza los tiempos de forma desordenada, sin coherencia cronológica secuencial, describiendo por ejemplo la servidumbre (entendida por él como esclavitud a lo largo de su obra), con experiencias personales vividas por él, al parecer en los preludios de la mitad del siglo XX, para argumentar las relaciones de dominación político-económica en la sociedad de Ibáñez del siglo XIX.

Fuentes para la historia de Andrés Ibáñez de Hernando Sanabria, es aún la aproximación más seria que se ha realizado para develar en forma trabajada y crítica la historia de Andrés Ibáñez, el Partido Igualitario y la conformación de la Junta Federal, aunque su autor se haya desvinculado de la consecución de esta tarea. Sienta las bases para desarrollar una investigación compleja del tema tratado. Con su depurado léxico hace una pequeña pero completa semblanza del caudillo y su movimiento, para posteriormente presentar los amplios hallazgos de fuentes primarias y bibliográficas, destinando algunas líneas explicativas a objeto de información sobre los documentos que merecen más trabajo. Plantea a Ibáñez no con admiración, ni tampoco con menosprecio; sino que se aboca a desglosar y analizar los acontecimientos que lo rodearon. Lo reconoce como la figura política de mayor relieve en la Santa Cruz del siglo XIX y sostiene que “se merece” un estudio serio de su obra política “curiosa y sugerente”. Las breves interpretaciones analíticas que este autor realiza desde la biografía hasta la crítica de las fuentes son un ejemplo de la predisposición sobria que el investigador debe presentar al inicio de su estudio. Pautas que al parecer no fueron tomadas en cuenta del modo que esperaba el desaparecido autor.

Victorino Rivero y Egüez plantea su obra de manera similar a la de Mariano Zambrana en cuanto a su rechazo al movimiento, aunque de forma menos explícita que el anterior respecto a despección. La obra se constituye en una presentación consecutiva de hechos que intercalan su abordaje en un paralelismo entre el nivel “nacional” y lo que sucedía a nivel “regional”, estableciendo siempre la correspondencia entre ambos escalones. Los hechos realizados por Ibáñez no son dudados en ser presentados como actos de franca rebelión, estableciéndose incluso similitudes entre éstos y los que su padre Francisco hizo en épocas pasadas. No duda en otorgar a Ibáñez un papel deshonesto en sus inicios en la política. Los acontecimientos, como las batallas, son narrados como simples represiones triunfantes de las tropas gubernamentales sobre las ibañistas, sin tomar en cuenta las excusas igualitarias de derrota por traición o inferioridad numérica repetidas posteriormente por las apoteosis. Igualmente la insubordinación de la columna del orden es causada únicamente por la sañuda conspiración llevada a cabo por la familia de Ibáñez, a efecto de producir lo acontecido. En si, nada de lo que hace Ibáñez se basa en ideales legítimos de lucha; sino que solo son argucias de competencia por la obtención del poder.

El artículo de Salvador Romero Pittari, publicado en la revista de “Historia y Cultura” en 1984 logra un respetable análisis de la situación socioeconómica y política que ambientó el surgimiento del Club de la Igualdad en el siglo XIX, superando así las simples aplicaciones ideológicas del comunismo marxista planteadas por Pérez Velasco sobre estos hechos. Romero entiende el contexto del igualitarismo en términos de un resquebrajamiento de la sociedad tradicional basada en lazos de solidaridad más contundentes, “fraternidad proviancianista”, debido a las características autárquicas de su economía de frontera. Tal fenómeno fue producido por un proceso de cambios consistentes en la apertura de mercados y decadencia de las viejas regiones de industria artesanal principalmente, lo que catalizó a su vez un proceso de diferenciación en el interior de las viejas familias “patricias” (incorporación de grupos culturales y de estrato económico ajenos en la reproducción del linaje elitario) y las consecuentes oposiciones políticas, desigualdades de riqueza y matices raciales que acentuaban la diferencia con los grupos socioeconómicos inferiores. Esto provoca una verdadera contradicción de estamentos sociales, situación que se trasluce en el surgimiento de un frente político que incorpora esta realidad en sus ideales de poder. Por lo demás, es una obra que realiza una adecuada declaración de fuentes primarias y bibliográficas y aunque su acierto es el análisis y su exposición clara y sintética, tiende a caer en una aceptación tácita de las versiones que narran los hechos a favor acrítico de los protagonistas igualitarios. Dos ejemplos: La forma en que se narra el amotinamiento de la columna del orden, en la que el autor sostiene que fueron hechos sin premeditación ni de la columna, ni de Ibáñez, sino simplemente causados por el desatino de las autoridades (versión que da a entender que el autor desconoce o no da crédito a las opiniones que apuntan a una participación mucho más activa por parte del caudillo y sus allegados en este suceso); la típica acusación de las arbitrariedades del paraguayo Fabio a cargo de la Comandancia General por su propia voluntad, no teniendo en cuenta que es altamente probable que no solo Ibáñez haya sido cómplice camarada sino que él mismo haya dado instrucciones de armar esta situación a efecto de recaudar fondos para sus objetivos.

La obra de Emilio Durán Ribera y Guillermo Pinckert Justiniano tuvo la ventaja de haber revisado otras obras históricas ya planteadas sobre el caudillo y verter su análisis con varias fuentes documentales. Tratan de realizar un contraste de las versiones emitidas sobre los hechos de Ibáñez por parte de los documentos, pero no pueden disimular su inclinación por “el caudillo”, desmereciendo de forma preconcebida las versiones emitidas por los opositores contemporáneos de Ibáñez, que tienen argumentos interesantes a tomar en cuenta ante la dilucidación de muchos motivos y actos del líder, especialmente “el diario de un vecino” atribuido a Felipe Leonor Ribera, al cual en oportunidades no dan mucho crédito. A pesar que tienen mayor predisposición a citar fuentes que anteriores obras, no lo hacen de forma correcta o a veces ni lo hacen, dejando en incógnita la procedencia de éstas. La obra revela nuevos datos respecto a algunos acontecimientos extractados de documentos, que permiten interpretar de forma más clara la consecución de varios hechos: como las contradicciones de las fuentes acerca de las batallas del Trompillo y los Pororós; la nómina completa del consejo de guerra que enjuició a Ibáñez; el porqué Ibáñez decidió volver a San Diego y no pasar la frontera brasileña; episodios anecdóticos de la comandancia de Fabio, etc. Pero la forma de abordar los temas sigue siendo la misma, se aboga por el caudillo de forma apriorística. Tiene un gran vacío en cuanto al estudio crítico de las bases ideológicas del movimiento, insuficiencia que el análisis bastante especulativo de ligazón directa a Proudon por parte de Carlos Hugo Molina, en el prólogo, no llena. Confirma algunas historias contadas por Pérez Velasco, lo que significa que probablemente se utilizó la misma documentación o utilizaron a Pérez Velasco. De todas maneras ninguno hace exacta referencia a la información utilizada. A pesar de todo, tuvieron el acierto de publicar varios documentos primarios a lo largo de su texto y especialmente en los anexos, los cuales son de mucha utilidad para los que quieren estudiar más a fondo el tema de Ibáñez (aunque cometen el error de no citarlos correctamente). El informe de la Comisión Médico Quirúrgica Italiana sobre las batalla de los Pororós, lo presentan incompleto. Aunque en algunos puntos tiene brotes de análisis, es básicamente una obra descriptiva de comparación de fuentes y posee todavía descuidos en cuanto a información proporcionada por tradición oral (presentada sin advertencia de sus posibles dificultades de autenticidad), como la proclama de Uruguayito extractada de Pérez Velasco.

Para concluir, el ensayo de Reymi Ferreira es uno de los más recientes tratados de las cuestiones de Ibáñez de entre las obras citadas. No es una obra de investigación histórica propiamente dicha (aunque utiliza algunas fuentes primarias como el manuscrito Lara, la memoria de guerra del general Villegas y la publicación igualitaria a nombre de “Los Cruceños” del 76). Se constituye más bien en un trabajo de valoración ideológica de la figura de Andrés Ibáñez a través de las reivindicaciones cruceñas desde el post igualitarismo hasta la fecha, empleando para este efecto la revisión y contrastación bibliográfica. Ferreira, que en una anterior publicación ya había expresado su percepción de que Ibáñez no era socialista ni anarquista; sino más bien un receptor de los ideales de la Revolución Francesa a partir del ala jacobina, sostiene a Ibáñez como imbuido en un ideal liberal pero con alto contenido social. Esencialmente el autor ve que Ibáñez se convirtió en un patrimonio de Santa Cruz y que de acuerdo a las orientaciones políticas se hace énfasis en su “federalismo” o en su “igualitarismo”. En forma similar a Pérez Velasco, encuentra una constante lineal diacrónica en el movimiento cívico de poder regional el cual “desde la época del Brigadier Aguilera se ha caracterizado por su sesgo conservador”, y que en épocas más actuales se ha ocupado de opacar el “igualitarismo” de Ibáñez por su “federalismo” a efecto de enmarcarlo en sus intereses de clase. En torno a esto, Ferreira sugiere a Ibáñez como el precursor de la concepción autonómica en Bolivia. Sus análisis políticos y socioeconómicos son acertados, cierta parte de esta obra revela esta aptitud, sobre todo la que se aboca a épocas más recientes; sin embargo no presenta esa misma habilidad para el análisis histórico, ya que no cimenta su trabajo con el necesario esfuerzo metodológico de indagación y cuestionamiento riguroso de lo preconcebido. Esto se expresa nuevamente en la interpretación acrítica de la vida de Ibáñez en general y la consabida manifestación de admiración e intento a priori de probar la rectitud del caudillo y su percepción sentimental de rechazo ante la “conspiración de las oligarquías cruceñas y andinas” como explicación preincorporada unilateralmente del fracaso del movimiento ibañista.

Bibliografía

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Pérez Velasco, D. (1972). Andrés Ibáñez: Caudillo del Oriente. Santa Cruz de la Sierra: Instituto de Investigaciones Históricas de Bolivia.

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Romero Pittari, S. (1984). “Copetudos y sin chaqueta: La revolución Federal de Andrés Ibáñez”. En Historia y Cultura. La Paz: Sociedad Boliviana de Historia.

Sanabria Fernandez, H. (1977). Fuentes para la Historia de Andrés Ibáñez. Santa Cruz de la Sierra: Cuadernos Universitarios. U.A.G.R.M.

Zambrana M. (1925). Plumadas Centenarias: El Oriente Boliviano. Santa Cruz de la Sierra.